-Por Francisco Núñez Del Arco Proaño

¡SOMOS HUÉRFANOS!

La generación de la identidad es una generación huérfana. Somos una generación huérfana. Somos un trance. Nuestra paradoja es enorme y terrible, que reivindicando la sangre y los orígenes, a la vez no tengamos padres. Sí, tenemos gente que nos procreó, pero padres, eso que se llamaban padres en la antigüedad clásica, no los conocemos. Que el ciclo de la generación haya roto el molde en nosotros y que de alguna forma tampoco veamos la posibilidad de tener hijos es igual de paradójico, igual de paradójico porque ese ciclo nos aterra, y más paradójico todavía al ser la estirpe uno de nuestros estandartes más señalados. Todavía más paradójico, es que lo único que tenemos es el pasado, sin embargo el pasado no existe para nosotros. De hecho el pasado, al menos el más próximo, se vuelca en nuestra contra. Qué hermoso fuera poder ser ajenos a la historia y al tiempo, qué hermoso fuera.

¿Qué nos queda? Pues nada más que nosotros mismos, estamos solos, hemos nacido solos en la nada. Mas de la nada surgen las cosas. De alguna forma debemos ser nuestros propios padres, acabar de parirnos a nosotros mismos y finalmente ser nuestros propios hijos, puesto que si debe consumirse en nosotros el ciclo que así se haga. Parte de ese parto es desprendernos de nuestras propias ideas, ideologías, conceptos y concepciones… todo pasa, todo cambia, todo se transforma, excepto el ser que suele adornarse estética y necesariamente de muchas formas en esta condición espacial… Nuestra forma todavía no se muestra, todavía no nace. Nacerá.

Al final quedamos frente a nosotros mismos sin ninguna otra esperanza que lo que cada uno de nosotros somos.

Quod licet Jovi, non licet bovi. (Lo que es lícito a Júpiter no lo es al buey)

Simpliciter Francisco

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