InicioEspañoles de CubaReunificación con España, un disparate infantil

Reunificación con España, un disparate infantil

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Del autor

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Reunificación de Puerto Rico con España abogaba por una nostalgia histórica imaginaria, por un pasado idealizado y la clásica búsqueda de las raíces.

El título del artículo consterna viniendo del autor de Reunificación de Puerto Rico con España, para entenderlo se tiene que ver la etapa y época que vivía. No es lo mismo un adolescente en foros antes de que existiera Facebook, a hoy en día que soy un hombre maduro, es por esto que el proyecto que impulsé una vez alcancé una mayor madurez se llama Autonomía para Puerto Rico.
¿Que los hace tan diferentes aparte de Reunificación ser producto de las fantasías de un adolescente y Autonomía ser la reflexión de un hombre en plenas capacidades?
Pues que en el nombre solamente se deduce el contenido.
Reunificación de Puerto Rico con España abogaba por una nostalgia histórica imaginaria, por un pasado idealizado y la clásica búsqueda de las raíces. Fue un revisionismo que confrontaba la tradición literaria puertorriqueña para contradecirla. Una noción agonista de un país bifurcado en proyectos nacionales irreconciliables. El reconocimiento de una estratificación socio étnica y cultural de difícil armonización. Era la pérdida del optimismo afirmativo de la supervivencia de una nación mulata y popular como un estado soberano.
El antagonismo irreconciliable entre ambas visiones era un evento corrosivo y traumático, una desviación del orden material y un retraso en lo espiritual que atentaba con desbaratar el proyecto autonomista.
Un proyecto autonomista que considerará la cultura auténtica con una mayor efervescencia y solidez, la personalidad nacional en los cimientos inamovibles a la misma vez que suavizara la redención al hispanismo, distanciándose de la condena absoluta del régimen americano al modo albizuísta al mismo tiempo que reconocía la inexistencia de una cultura latinoamericana.
La dinámica resultante del discurso inmaduro de Reunificación de Puerto Rico con España no logra el desenvolvimiento auto contenido de un discurso libertador ni encuentra conexión en descarrilar la teleología del oprimido salvo algunos silenciados que extrañamente tienen mayor desenvoltura con valores y expresiones foráneas y enajenantes, huérfanos en grado mayor de la ejemplaridad de un dirigente capaz de ofrecerles modelos válidos llamados a prevalecer.
Los orígenes remotos de lo que fue mi creación inocente e infantil perduran con otro individuo en una dialéctica de voluntarismo becerril que le impiden asumir nuevos bríos. El pueblo dormido admira perplejo las contradicciones estructurales de las ilusiones y aprensiones arraigadas al alma de prejuicios y rencores bochornosos de un engañador sugestionador.
Un empalagoso cuadro romántico de sutil convivencia patriarcal bajo España se vuelve burla en los rimbombantes apodos de un arengo pseudomilitar que destaca lo digestivo, excrementicio y antiestético, sin reflexionar las tribulaciones de un ritual ansioso para satisfacer su vanidad masculina de su intento por lograr un heroísmo crepuscular.
Se necesita más que una meditación melancólica y una palimpsesta y furibunda condena al imperialismo yanqui y al colonialismo puertorriqueño. Merecemos más que una visión ociosa y cosmética de insuperable y ruidosa ideología que derrumben las viejas nociones de astucia y «jaibería».
Es por esto que existe Autonomía para Puerto Rico. Porque merecemos más.

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