Foto: Don Amado Hernández Padrón, Camajuaní Cuba, 1940.

París, 21 de junio de 2020.

Día del Padre.

Querido padre:

Te envío este hermoso regalo que me hizo llegar desde los EE.UU. mi amiga, la poetisa Martha Salazar Quintero, acompañada de una bella carta -como las que ella suele escribir-, con motivo del Día del Padre.

“Padre es aquél…

Padre es aquél…

Hombre, que sin sentir el “palpitar”

De nuevas vidas, se estremece ante los llantos…

De un “recién nacido”

Padre es aquél…

Hombre, que presuroso, se desvía de “su camino”

En auxilio y conmovido ante los píos doloridos…

Del polluelo, en llamado a su madre,

En momentos de peligro, o si está perdido.

Padre es aquél…

Hombre que adivina en la mirada de la mujer,

El llanto “callado de una madre”, por el hijo perdido

O, que se fue, y quizás no vuelva, a ver.

Padre es aquél…

Hombre, que, en instantes…

¡Olvida su grandeza y su poder de SER!

Para volver a hacerse niño y ¡jugar…!

Jugar, olvidado de todo, y de todos…

Padre es aquél… Jugando al lado de “sus hijos”

Hombre, que con celo, cuida y vela, Como si fuese “Un párvulo Él”

como “fiel centinela” ¡Olvidando otros deberes!

Al lado de su mujer, viendo a sus hijos

¡Crecer…! ¡Triunfar!

Al lado de la llama del amor,

que no es otro que, ¡Su Hogar!

Martha Salazar Quintero

© Libro: Sueños Ecos y Silencios…

Union City, New Jersey, 24 de abril de 2010”.

Nuestro amigo, el   poeta y periodista cubano Sergio Galán Pino, me envió  esta hermosa carta desde Miami.

“Miami, 6 de junio de 2013.

Estimado amigo Félix José:

Acabo de leer ese bello poema titulado “Padre es aquél…”, que con motivo del Día de los Padres hubo de escribir la egregia poetisa colombiana Martha Salazar Quintero, que por su emotivo contenido, me obliga a exponerte, en breves líneas, unas humildes consideraciones al respecto.

Y comenzaré por decirte que soy de los que (más que pensar) , afirman categóricamente, por estar convencido de ello, que por un infalible (y, ¿por qué no? acaso muy razonable) designio de Dios (que es el Padre Supremo), es que el hombre se prolonga en el hijo y éste, a su vez, se repite, en una armónica concatenación biológica, que perpetúa – casi accidentalmente – el propósito divino de la Creación, concretado en su conocido “creced y multiplicaos”…

Así pues, todo padre coadyuva, inconscientemente, a través del conjuro misterioso del amor, a hacer tangible ese divino propósito, ennoblecido en la entelequia del hijo que le nace.

Pero lo que lo ennoblece no es crear (que es sólo un accidente biológico) sino criar, que es como modelar un alma con los edulcorantes cinceles de la entrega a un ideal de perfección humana.

Criar que se traduce en el inefable desvelo ante el hijo que duerme en la cuna en noches de incertidumbres insospechables; criar que es como estrujar las tempranas rosas de nuestra juventud, en aras de ver una simple sonrisa en el rostro infantil de ese átomo gigante en que se manifiesta la más pura gota de nuestra propia sangre; criar que es como renunciar a uno mismo, en una complaciente negación de todo ego; criar, en fin, que es como jugarse con los naipes del destino, nuestra fe en la vida, ahogando los siempre bien fundados temores de posibles riesgos.

Por eso, al leer este bello poema de la poetisa Martha Salazar Quintero, donde el amor filial enmarca su estro, para ofrecernos en bien trazadas pinceladas poéticas un cuadro exacto de lo que es un padre, no he podido evitar, redactarte estas breves líneas, en justo reconocimiento a este bello fragmento de su obra poética que tanto ha aristocratizado al mundo hispano de las letras.

Vaya pues, para ella nuestras más sinceras felicitaciones y para ti, estimado Félix José, nuestros mejores votos porque esa imagen de tu padre que conservas en ese viejo retrato, permanezca en tu corazón de hijo, siempre fresca, como en aquellos lejanos días de tu amado Camajuaní.

Sin otro particular, te envía un fuerte abrazo junto con el más sincero deseo de que pases un Feliz Día de los Padres junto a tu hijo, quien sabes te aprecia y admira:

Sergio Galán Pino”.

Papá:

En un día como hoy te recuerdo más de lo acostumbrado. Sé que tengo una cita pendiente contigo y mi madre. Ustedes están más juntos que nunca gracias a Dios. Aunque la abyecta tiranía de los hermanos Castro nos haya separado, espero que más temprano que tarde pueda llevarte un ramo de flores y lo logre depositar allí en donde en paz descansas junto a la mujer de tu vida, mi adorada madre.

Si Dios no me da vida para que llegue ese momento, le ruego que nos podamos encontrar de nuevo en otro sitio, allá donde ustedes dos descansan en paz por la eternidad.

Esta es la más bella canción que conozco dedicada a un padre que Dios llamó. Su título es «Mon Vieux» (Mi Viejo), la interpreta el cantautor francés Daniel Guichard:

Siempre que la oigo me vienes a la mente y las lágrimas me nublan la vista.

Te envío la traducción que te hice:

Mi Viejo

Con su viejo abrigo raído

Se iba en invierno, en verano

En la pequeña mañana friolera

Mi viejo.

Descansaba sólo un domingo a la semana

Los otros días, trabajaba para la comida

Que iba a ganar como podía

Mi viejo.

En verano, íbamos a ver el mar

Ves, no vivíamos en la miseria

Pero no era tampoco el paraíso

Era así tan bien que mal.

Con su viejo abrigo raído

Tomó durante años

El mismo autobús de suburbios

Mi viejo.

En la tarde volviendo del trabajo

Se sentaba sin decir una palabra

Era del tipo silencioso

Mi viejo.

Los domingos eran monótonos

Jamás recibíamos a nadie

Eso no lo hacía desgraciado

Yo creo, mi viejo.

Con su viejo abrigo raído

Los días de paga cuando volvía

Lo escuchábamos protestar un poco

Mi viejo.

Nosotros, conocíamos la causa

Contra todos: burgueses, patrones,

La izquierda, la derecha, incluso Dios

Con mi viejo.

En nuestra casa no había televisión

Era afuera a donde yo iba a buscar

Durante algunas horas la evasión

¡Sabes, yo era un imbécil!

Pensar que pasé años

Al lado de él sin apenas mirarle

Apenas nos veíamos

Nosotros dos.

Yo hubiera podido, no fui listo

Hacer junto él un poco de camino

Eso quizás lo hubiera hecho feliz

Mi viejo.

Pero cuando se tiene quince años

No tenemos un corazón bastante grande

Para alojarlo todo

Ves.

Ahora que está lejos de aquí

Pensando en todo ésto, me digo:

«Me gustaría tanto que estuviera cerca de mí «

Papá…

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares, con la esperanza siempre presente, de que algún día nos podamos volver a encontrar.

Te quiere eternamente,

Félix José.

Nota bene: Esta crónica aparece en mi libro «Memorias de Exilio». 370 páginas. Les Éditions du Net, 2019.  ISBN: 978-2-312-06902-9

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí