-Por Francisco Núñez Del Arco Proaño

Nuestro país para salvarse necesita un gobierno patriótico, firme, de mano dura y sin miramientos con el globalismo y sus instrumentos locales.

El gran desafío de nuestra época no es otro que el enfrentamiento entre las patrias, las naciones, y sus moldes cilizatorios, versus el globalismo totalitario que busca su desaparición en una masa gris fácil de controlar y explotar. La única medicina efectiva contra esta enfermedad es la identidad. El país, o sea sus gentes, todos nosotros, necesitamos un gobierno patriótico; no sus instituciones caducas, corruptas y corruptoras, como la misma republiqueta. El país no es la republiqueta.

Necesitamos un gobierno patriótico que priorice a nuestros coterráneos y no a los intereses globalistas y extranjeros, un gobierno patriótico que no permita la injerencia del nuevo imperialismo del siglo XXI, el imperialismo chino, fase superior del globalismo apátrida, titiritero de todos los fantoches de la subversión roja en América y Europa, del Foro del Sao Paulo al PSOE-Podemos, pasando por el Partido Demócrata yanqui; doblemente peligroso, por su carácter completamente exógeno y por su modelo político tiránico basado en el comunismo y alimentado por un capitalismo, también apátrida por mucho tiempo, que recién ahora está queriendo darse cuenta lo caro que resulta hacer negocios con el diablo. Un gobierno patriótico que rescate nuestra identidad en la unión de nuestros dos grandes orígenes indohispanos, entendiendo que somos parte íntegra de la cultura hispánica y de la civilización occidental y que fuera de ellas no tenemos sentido como comunidad política; un gobierno patriótico que lo haga desde la educación y la formación cívica, haciendo a un lado el chauvinismo y el patrioterismo, el relato de historieta de lo que supuestamente éramos, para afirmarnos en lo que en verdad somos. Un gobierno patriótico que entienda de relaciones internacionales, que entienda el nuevo orden global que se avecina donde nosotros apenas somos hormigas frente a cíclopes en lucha, y que por patriota entienda que para sobrevivir no podemos ni debemos estar solos, debemos unirnos, con los elementos que, primero, por ser los más cercanos a nosotros tienen la misma comunidad de origen y por tanto de destino, nuestros pueblos hermanos hispanos, desde Europa al Asia, pasando por toda nuestra Hispanoamérica, por supuesto; y segundo, que también busque alianzas con las víctimas de un tardío despertar a la consciencia del peligro del globalismo, pero despiertos ante éste finalmente, es decir, todos los gobiernos patrióticos del mundo, como actualmente los Estados Unidos de Donald Trump, el Japón de Shinzo Abe o la Hungría de Orbán; somos un país de costa en el Pacífico, y necesitamos aliados firmes y ejemplares en Asia, continente con el que compartimos ese océano, a fin de hacer frente al hambre voraz del Dragón Rojo chino.

Finalmente, pero no por eso menos importante, necesitamos un gobierno patriótico que rescate la dignidad de todos quienes han nacido, vivido y muerto por su patria en este pedazo de territorio llamado Ecuador, que hasta en su nombre ahistórico rechaza toda su identidad. Necesitamos un gobierno patriótico de hombres de honor que primero que nada hagan país, para que no sólo seamos este conjunto de mafias e individuos bregando por sus miserias en un espacio geográfico, que nos haga país a todos y vuelva por nuestros fueros perdidos. Sólo entonces tendremos esperanza.

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