Inicio Firmas Privilegios, vanidad y responsabilidades

Privilegios, vanidad y responsabilidades

0
Casa de Zamora en La Habana celebra su aniversario con la presencia del Cónsul, también zamorano, Marco Peñín.


Por Andrés Alburquerque

Deseo abordar un tema que nos toca a todos por igual; mis numerosos amigos de FB así como los que me han regalado su añeja o reciente amistad en el ámbito personal están habituados a lo que jocosamente denomino como mis batallas contra los molinos de viento; en paralelismo con el clásico pasaje quijotesco. En específico pretendo arrojar algo de luz sobre el don de la palabra; la facilidad del verbo y el privilegio, la vanidad y la responsabilidad que significan.

Es innegable; y sería deshonesto soslayarlo, que a todos o a casi todos nos gusta sobresalir; el protagonismo es uno de los ingredientes del carácter humano y en la dosis apropiada puede ser muy útil y eficaz; nos gusta expresarnos; hablar, e incluso dejar escapar las más íntimas y recónditas sensaciones y percibir el efecto que ejercen sobre los demás; hasta ahí ese toque de vanidad que puede traer el privilegio de la palabra resulta aceptable y hasta lógico. Pero este privilegio y esa lícita vanidad acarrean una enorme responsabilidad que a mi juicio es ineludible.

Si nos remitimos a ese concepto que define la lengua o el idioma y que algunos denominan el habla; quizás limitándolo a una visión más médica que lingüística, nos encontramos conque es el sistema de signos convencionales utilizados por el ser humano para transmitir su pensamiento; es un sistema y por tanto es estructural aunque permanezca en el plano subjetivo pues refleja como ningún otro elemento la aplastante tangibilidad y materialidad del mundo circundante; tanto es así que muchos salivamos al escuchar la palabra queso; cheese; formaggio; los fonemas son en extremo subjetivos pero reflejan de modo tan eficaz la realidad que empujan al ser humano a un plano casi sinestético; el sentido del oído recibe ese fonema y los mensajes eléctricos a nivel de corteza cerebral nos hacen verlo como si estuviese ante nosotros y en algunos casos hay quienes hasta perciben el fuerte olor de este preciado artículo. Sin duda alguna; el habla influye sobre todos los sentidos de un modo u otro y es capaz de transportarnos hacia la nebulosa inmensidad del significado, la verdad, la mentira y la incertidumbre.

Mezclada y articulada con tacto y proporción la palabra puede mover montañas; puede inducir a grandes grupos de individuos a protagonizar eventos insospechables y ahí precisamente radica la responsabilidad que requiere su uso. Es primordial que los que emprendemos el polvoriento y azaroso sendero de influenciar a nuestros semejantes lo hagamos con absoluta conciencia del compromiso que contraemos y los sucesos que podemos desencadenar. En época de extrema polarización e inveterada volatilidad los nervios permanecen a flor de piel y debemos exigir a todas las tendencias y persuasiones que se comporten con la mesura, la habilidad y la honestidad que el discurso reclama aquí y ahora. Si los que de una forma u otra contamos con oídos a los cuales susurrar nuestras verdades nos comprometemos a desempeñar la labor con honestidad habremos dado el primer paso; lo demás queda de la mano firme, omnipresente y por momentos caprichosa de Olofi, último y definitivo agitador de las separadas imágenes que conforman el caleidoscopio de nuestra realidad.

SIN COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Salir de la versión móvil