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¿Por qué esencia me opongo a la actual Constitución?

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Porque el ordenamiento constitucional-electoral definido por ella nos impide a los ciudadanos el derecho a la participación política.

La nueva Constitución dicen que aumenta nuestras libertades negativas, esos espacios íntimos que el Estado Totalitario Castrista se compromete a respetarnos. Lo define, sin embargo, de una manera harto ambigua, que se presta a cualquier interpretación, entre ellas aquella que implica que todo siga absolutamente igual.

Mas en el nuevo ordenamiento constitucional-electoral los ciudadanos seguiremos sin más posibilidad real de nominar y elegir que a los delegados de barrio. Los Diputados volverán a estar más allá de nuestro alcance, al ser nominados por las direcciones municipales, provinciales y nacional de unas organizaciones de masas que en su mayoría no tienen mecanismos democráticos creíbles para elegir a esas dirigencias; y al ser elegidos por un sistema de votación por listas, en que los votos por completo opuestos a la misma no son considerados válidos.

La nueva Constitución no reconoce nuestros derechos positivos, los relacionados con las libertades positivas, aquellas referidas entre otras cosas a nuestra posibilidad de nominar y elegir a los ciudadanos que ocupan las posiciones estatales. De hecho mantiene esas posiciones en exclusiva para un grupo cerrado que se coopta en sí mismo.

Esto implica incluso un peligro para las llamadas conquistas de la Revolución (nos referimos, claro, no a las conquistas laborales, sociales, y soberanistas de la Revolución del 30, si no solo a las de la de 1959).

Como la experiencia histórica demuestra, conquistas como las relacionadas con una Reforma Agraria, o Urbana solo se conservan tras la Revolución que las concedió si es el soberano, y no un grupo cerrado “revolucionario” que se coopta a sí mismo en el tiempo, el que detenta en el país en cuestión la soberanía, el verdadero poder.

Llamo a los revolucionarios sinceros a que entiendan esta verdad incontrastable: Si era plenamente aceptable la idea de que las conquistas de la Revolución estaban seguras en manos de Fidel Castro, quien las concedió, y que por lo tanto se justificaba (nunca se justifica en realidad) dejar en sus manos el poder absoluto, esto no ocurre para quienes lo continúan. Esa casta de barrigones sin otra iniciativa propia que la relacionada con su medro personal, y la cual no tiene ningún compromiso con las conquistas de 1959.

Esas conquistas, junto a las ya obtenidas en la Revolución de 1930 (abolición de la Enmienda Platt, jornada laboral de 8 horas…) solo están seguras en manos de un pueblo absolutamente politizado en la defensa de sus intereses comunes, lo cual no se logra, ciertamente, si ese pueblo no tiene en sus manos el derecho a la participación política: en nuestro caso a nominar directamente a los Diputados, a votarlos en un sistema competitivo, y a sacar de su puesto a absolutamente todo mandatario (el que ha recibido el mandato popular de ocuparse de sus asuntos comunes), desde el Diputado hasta el Presidente.

Es por eso que llamo a todos los cubanos, sobre todo a todos los revolucionarios sinceros, a que voten NO, en el próximo Referendo Constitucional. No para hacer colapsar a las instituciones actuales, sino para obligarlas a llamar a un verdadero proceso constituyente, en que no solo se nos consulte por un estado que pretende mediar en toda relación política entre los ciudadanos, sino en que también se nos permita discutir libremente entre nosotros, y sobre todo que se nos permita agruparnos libremente.

Es por eso que llamo a todos los cubanos a que tras el futuro Referendo le exijamos a la Asamblea Nacional que lleve a Referendo la futura ley electoral, ya que si toda Constitución es por sobre todo el recuento de los derechos del ciudadano frente al estado, en este caso se ha relegado uno de los más importantes derechos, el positivo, a una ley suplementaria, que en realidad se convierte así en parte integrante de la Constitución.

#XelNO, #YoVotoNo, #LeyElectoralaReferendo

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