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Mis tres imanes de ida y vuelta

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*Imagen: Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles (sede de la Hermandad de los Negritos de Sevilla)

Como en alguna que otra ocasión ya habrán bicheado aquellos que me conozcan o me lean, un servidor tiene un imán especial para la gente -digamos- peculiar; y dentro de esa gente peculiar, parece que tengo especial encanto para con locos, violentos y viejecitas entrañables. Hasta el Año de Nuestro Señor de 2011, lo achaqué a la pura casualidad. Pero desde que crucé el charco, dejé de creer en las casualidades y me fui haciendo cada vez más providencialista. Y hasta hoy.

No me planteo ya a estas alturas de la vejez el porqué de todo esto. Sólo sé que me pasa allá donde voy. E incido en que no creo en las casualidades porque en Lima me continuó pasando exactamente lo mismo que en Bollullos de la Mitación o en cualquier punto del Aljarafe o de Sevilla y todos los alrededores de la Tierra de María Santísima. Quizá podría escribir algún libro sólo relativo a mis anécdotas en el transporte público de Lima y, por un lado me quedaría corto, mas por otro parecería una fabulosa invención; perdiéndose así el sentido de la rareza que me acompaña y aturde.

Así las cosas, fui a misa el otro día a la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, esto es, sede de la Hermandad de los Negritos. Haciendo una modesta investigación sobre las cofradías de negros desde Sevilla a Lima pasando por las Antillas (*), evoqué cómo en Lima de causalidad me topé con cofradías de San Benito de Palermo y de San Martín de Porres, y dándole vueltas a la cabeza todos estos años, también he ido corroborando los vínculos a través de advocaciones marianas como la Soledad o la Merced; tan presente todo ello desde mi pueblo… Bueno, que me enrollo: El caso es que fui a misa. Me senté en un banco admirando el rostro compungido de Nuestra Señora de los Ángeles frente a los frescos de los angelitos negros que quisiera Antonio Machín. A la izquierda, un cuadro imponente de la Virgen de Guadalupe. A la derecha, el rostro grave y misterioso del Cristo de la Fundación me señalaba con su luz barroca a San Benito de Palermo, que lo acompaña como tercer titular de la cofradía, así como también me señalaba a San Martín de Porres, a quien siempre llevo como medalla, recordando asimismo la devoción de mi hermano soleaero Manuel Burgos. Comoquiera que estoy pasando por una situación más apretada que el miembro viril de un torero, estaba yo así como en plan místico, musitando/rezando ante aquel ambiente de humildad y recogimiento (¡siempre sentí predilección por las ermitas!); y en ello que se sentó un matrimonio anciano a mi vera, y la señora, como conociéndome de toda la vida, me saludó y me preguntó cómo estaba. Yo no recuerdo ni lo que contesté, pero en ese momento, se me vinieron todas las reglas del realismo mágico de la atracción hacia mi persona. Y en llegando la paz, aquella señora de sonrisa amable y gafas bien puestas me dio la mano haciendo gestos como de conocerme de toda la vida.

Ustedes podrán pensar lo que quieran; faltaría más. Yo… No sé si es que tengo cara de ser comprensivo, de saber de psicología, o de nieto obediente… Pero el caso es que allá donde vaya, todo ello me acompaña. Lo mismo en dos mundos, haciendo mío el lema borbónico del siglo XVIII: VTRAQUE VNVM; sin olvidar el Plus Ultra. Más allá, mucho más allá…

No obstante, ya puestos, mejor este imán que no los otros mentados. Que tiene mandanga la cosa.

(*)Véase:

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