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El intelectual cubano Evelio Taillacq, originario de la ciudad de Santa Clara, conocido entre sus compatriotas por su carrera de actor en la isla, y luego en el exilio, como presentador de la cadena hispana Telemundo. Ha hecho recientemente algunos comentarios interesantes sobre la figura del mercenario y traidor dominicano Máximo Gómez.

Taillacq, respondía a un post del arquitecto Carlos Ferrera, otro conocido intelectual isleño, muy activo en las redes sociales, que suele publicar artículos revisionistas sobre historia de Cuba; en particular, toda aquella que toca de cerca o de lejos a los próceres del panteón nacional de antes y de ahora. Su trabajo también puede encontrarse en el portal Cibercuba, en su bitácora personal, ‘El Cuartel de Sejano’ pero también en libros.

Para Ferrera, “El general dominicano era ejemplo de paciencia, educación y saber estar”, pero que no dudaba en practicar terribles castigos a sus enemigos, lo mismo que a sus subordinados cuando no cumplían con sus deberes o abusaban de su poder. El artículo de Ferrera describe los castigos a los que recurría Gómez y toca un poco el tema de las desavenencias del dominicano con los patriotas cubanos, pero sin entrar en muchos detalles escabrosos. En cualquier caso, Ferrera no cuestiona ni los métodos ni el papel de Gómez en la historia de España. Al contrario, en uno de sus anteriores textos lamentaba el estado actual en que se encontraba la casa en la que vivió durante los últimos años de su vida.

En cambio, Taillacq no se anda con medias tintas, para él Gómez es uno de los principales responsables de la ruina de Cuba, argumentando que el traidor dominicano fue el inventor de la llamada ‘Tea incendiaria’ una táctica guerrillera que provocó la ruina de la economía cubana. Sin profundizar mucho en el personaje, el intelectual asegura que en Cuba en el siglo XIX “nadie que tuviera futuro quería la independencia”. En su opinión aquella guerra fue el origen de los males que aquejan a la isla en la actualidad y concluye su reflexión asegurando que “la asignatura política sigue desaprobada desde los tiempos del general extranjero intransigente, cascarrabias y tiránico con su tropa”.

Las reflexiones de Taillacq, muestran que la verdadera historia de Cuba sigue siendo una asignatura pendiente. Si los cubanos desean algún día volver a convertirse en una nación próspera y libre de demonios nacionalistas, tendrán que empezar por poner en su lugar una Guerra Civil que, no sólo nos condenó a depender de Estados Unidos, sino que nos separó de nuestra Madre Patria. Madre generosa y fiel, en cuyo seno el castrismo nunca hubiera sido posible. Si Cuba hubiera seguido siendo española, hoy los cubanos no tendrían que marcharse a buscar un mejor futuro en otra parte.

Texto completo de los comentarios de Evelio Taillacq 

Fue este mismo señor dominicano quien ideó la “brillante” práctica conocida como “La tea incendiaria”, quemar sembrados y haciendas a los hacendados criollos a lo largo y ancho de Cuba para obligarlos, ya arruinados, a sumarse a la guerra. Un método de persuasión que arruinó la isla, provocó hambruna, desplazamientos de población, epidemias y muerte. La colonia era mucho más próspera que la metrópoli, de ahí que fuéramos la última posesión española en independizarse. Nadie que tuviera futuro quería independizarse. Teníamos libertad económica y comerciábamos con quien quisiéramos, gracias a gestiones en Cadiz. Algo que no tuvieron otras colonias. Pienso que, posiblemente sin esa guerra, hoy no padeciera Cuba tanta ignominia. Y no nos hubiéramos empachado con tanto patrioterismo estéril y nacionalismo fanático. Así fuimos la última colonia de España y la primera nación del Nuevo Mundo que cayó en manos del comunismo. Una historia de huelgas generales, guerras, guerritas, levantamientos, protestas y golpes de estado. Nunca resolvimos nada hablando, debatiendo, analizando. Demostrando que la asignatura política sigue desaprobada desde los tiempos del general extranjero intransigente, cascarrabias y tiránico con su tropa, sin quitar méritos a su valor como guerrero. 

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