-Artículo de Francisco Núñez del Arco

HISTORIA

LOS CAÑARIS DEL CUZCO O DE CÓMO LOS INDIOS CAÑARIS FUERON CUSTODIOS Y GUARDIANES DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA

Resulta casi desconocido que los Cañaris, una etnia originaria del actual sur del Ecuador (provincias de Cañar y Azuay), fueron uno de los mayores adversarios del Tahuantinsuyo, tal es así, que los Incas decidieron su traslado al Cuzco para poder tenerlos bien controlados, al menos a su élite. A la llegada de los castellanos se aliaron a ellos en su lucha contra los Incas, y desde entonces demostraron un realismo inigualable, demostrado hasta la mal llamada independencia cuando sostuvieron la Causa del Rey hasta el fin en Quito y el Perú.

Y así también lo atestigua un suceso ocurrido en Cuzco en 1610, durante las fiestas de celebración de la beatificación de San Ignacio de Loyola, como lo señala una Crónica anónima de la época:


«Las fiestas que el Domingo siguiente despues de la Ascension se hizieron se auentajaron a estas, salieron en primer lugar quatrocientos indios Cañares (que como se dixo arriba eran la guarda del Inga) en muy bien aderezados forma de esquadrón con sus capitanes, muy vizarros, con turbantes, chipanas, ajorcas de plata, canipos también de plata, que son a figura de luna con las armas que ellos vsauan y las que nosotros vsamos, espadas; picas, arcabuzes, &, hicieron su entrada con grande aparato de guerra, como los passados que diximos, entraron tras ellos otros dozientos indios también Cañares.»

Transcribo el relato del Inca Garcilaso y pongo de relieve el dramatismo del episodio:

«Yendo pasando las cuadrillas como hemos dicho para ir en procesión, llegó la de los cañaris, que aunque la provincia de ellos está fuera del distrito de aquella ciudad, van con sus andas en cuadrilla de por sí, porque hay muchos indios de aquella nación que viven en ella y el caudillo de ellos era entonces don Francisco Chillchi, cañari, de quien hicimos mención en el cerco y mucho aprieto en el que el príncipe Manco Inca tuvo a Hernando Pizarro y a los suyos cuando este cañari mató en la plaza de aquella ciudad al indio capitán del Inca que desafió a los españoles a batalla singular. Este don Francisco subió las gradas del cementerio muy disimulado, cubierto con su manta y las manos debajo de ella, con sus andas sin ornamento de seda ni oro, más de que iban pintadas de diversos colores y en los cuatro lienzos del chapitel llevaba pintadas cuatro balallas de indios y españoles.

Llegando a lo alto del cementerio en derecho del cabildo de la ciudad, donde estaba Garcilaso de la Vega, mi señor, que era corregidor entonces y su teniente el licenciado Monjaraz, que fue un letrado de mucha prudencia y consejo, desechó al indio cañari la manta que llevaba en lugar de capa y uno de los suyos la tomó de los hombros y el se quedó en cuerpo con otra manta ceñida…., llevaba en la mano derecha una cabeza de indio contrahecha asida por los cabellos.

Apenas la hubieron visto los Incas, cuando cuatro cinco de ellos arremetieron con el cañari y lo levantaron alto del suelo para dar con él de cabeza en tierra. También se alborotaron los demás indios que había de la una parte y de la otra del tablado donde estaba el Santísimo Sacramento, de manera que obligaron al licenciado Monjaraz a ir a ellos para ponerlos en paz. Preguntó a los Incas que por qué se habían escandalizado. El más anciano respondió diciendo: »Este perro auca, en lugar de solemnizar la fiesta viene con esta cabeza a recordar cosas pasadas que estaban muy olvidadas.

Entonces el teniente preguntó al cañari qué era aquello. Respondió diciendo: »Señor, yo corté esta cabeza a un indio que desafió a los españoles que estaban cercados en esta plaza con Hernando Pizarro y Gonzalo Pizarro y Juan Pizarro, mis señores y mis amos, y otros doscientos españoles, y ninguno de ellos quiso salir al desafío del indio por parecerles antes infamia que honra pelear con un indio uno a uno. Entonces yo le pedí licencia para salir al duelo y me la dieron los cristianos y así salí y combatí con el desafiador y le vencí y corté la cabeza en esta plaza.»

*Imagen: Caciques cañaris según óleo del siglo XVII en el museo arzobispal del Cuzco, durante la fiesta del Corpus Christi, partícipes del hecho que se narra. Nótese la cabeza decapitada con sus adornos.

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