-Por Andrés Alburquerque

No escapa a mi atención que, edad permitiendo, una gran porción de los que hoy llaman a no hacer sufrir más al pueblo cubano y se desgarran las vestiduras afirmando que las presiones de la actual administración son criminales lucho contra la dictadura de a Batista ayudando a aupar a Castro. Según ellos no podían imaginar que la Hiena de Biran efectuaría ese giro de 180 grados que nos dejó atónitos; no tenían suficiente información; siempre según ellos, el asesino les engañó; según ellos.

Démosle el beneficio de la duda y digamos que se equivocaron honestamente; más aún, les concedo que impregnados de las mejores intenciones se equivocaron; eso de que se equivocaron y de que los engañaron es su justificación y yo quiero creerles.

Ahora ante el tablero de ajedrez actual no vacilan en condenar cada apretón que realiza la administración de Trump pues para ellos afecta solo a la población y no surte ningún efecto sobre la Junta; para ellos la presión no logrará que el régimen abandone a Maduro y en fin; es ruido inútil.

Regresando a la segunda mitad de la década de los cincuenta no me cabe la menor duda que todo lo positivo que Fulgencio Batista y Zaldívar hizo por Cuba, en particular durante su periodo de presidente democráticamente electo, fue anulado de una torpe patada en el momento en que con suma debilidad de carácter aceptó protagonizar el golpe del 10 de marzo de 1952; la historia no podrá jamás perdonar a un personaje que además de violar la constitución que había ayudado a poner en vigor en 1940 ni siquiera supo ser dictador como se debe y pagar por sus actos hasta las últimas consecuencias; pero hablemos a camisa quitada; la burguesía y la clase media cubana pudieron haber hecho sus deberes con mayor aplicación. Contrario a lo que nos pretenden hacer creer el tal Castro era un libro abierto y sus arranques gansteriles así como su protagonismo desmedido y su carácter apocalíptico eran conocidos. Lo que sucede es que estaban tan desesperados por salir del negro que no vacilaron en endilgarle cuanto crimen sucediera; agrandar desproporcionadamente la lista de víctimas y postrase de hinojos y boquiabiertos ante la diminuta portañuela del hijo del español. Un gran componente racista les movió. Pero bueno; según ellos repiten hasta la náusea: ¡¡¡SE EQUIVOCARON!!!

Bueno; ¿digo yo no? Si se equivocaron entonces, ¿qué nos garantiza que no estén equivocados nuevamente? Sus precipitados análisis y su ingenuidad contribuyeron a la pesadilla más larga en la historia del hemisferio occidental. Evidentemente tienen un grave problema de juicio y no debemos escucharles de nuevo.

¡¡¡YA ESTUVO!!!

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