Arriban a las tenebrosas costa de una España con parecido a como dicen las crónicas fabulosas que lo era la isla Tortuga en el Caribe, o el sensual puerto de Portobelo en la Tierra Firme de un mujerío de paraíso; pero bien es verdad que en los dos citados lugares, todos los corsarios y piratas que arribaban, respetando sus calas y distancias para fondear sus naos, podían disfrutar de sus rapiñas por mares y puertos, pero tal cosa en la España actual de “hermanos entre partidos” no se da.

España da tiempo; las dos Españas, dan tiempo y permiten que otros políticos bucaneros arriben a su río revuelto político, e incluso que muchos o la mayoría, si tienen la suerte de llegar a ser mozos de estoque de matador político, les de tiempo a enriquecerse; aunque siempre se dejen una hipoteca pendiente por aquello de que haya gente plañidera lo suficiente de estúpida como para creerse la deuda y la pobreza épica.

Pero, en la más pura realidad, España sólo es un territorio de dos cordadas: La cordada de los tienen o se creen que tienen; y la cordada de los que no tienen y no se creen que no tienen. Los primeros constituyen la abundante España de la derecha, derechona, y la España santa, y los segundos la cada vez más en apariencia, gracias en mucho a los productos de la China comunistas, de que la cosa va muy bien, porque las herramientas para trabajar son muy baratas, y no duran tanto como los legones y los picos de antaño que terminaban haciéndose odiosos con el paso del tiempo.

Y, entre esas dos tradicionales y simples Españas, la que se sienta en el casino juntamente con los que lo están deseando hacer, y la que barre las calles con preferencia de hacerlo en las calles céntricas, van a dejar que otros “Hermanos de la Costa” arriben al panorama político español; pero solo para un ratico, que en política suele ser cuatro u ocho años; pero después todo seguirá igual; azules por un lado y rojos por el otro, mientras se siga impulsando y consolidando cada día más la incultura y la apología por la idolatría.

Y si España y el futbol son así; la América de dolor atávico que está apadrinando el brutal e inculto gringo Trump, ante la indiferencia de la China Comunista, de Rusia, de Europa, y, cómo no, de España, que ha vuelto a renacer los Golpes de Estado y la sangre derramada, paradójicamente, por los que se pegan los madrugones, “las panzas y sudaeras” a trabajar para que unos desagradecidos, que suelen lucir uniforme, lleven armas, los encañonen, los intimiden y les disparen.

Como no existe uno sin dos, ni dos sin tres, el clero vaticano se zampó él solito para sus arcas, el Golpe de Estado, juntamente con su amasijo gringo, en Honduras fechas pasadas. Ahora, como en aquellos tiempos donde apenas si quedó algún militarote iberoamericano de los que fueron a “estudiar” a los EE.UU (la mayoría nunca llegaron ni hablar inglés) sin propiciar un golpe de estado, dio como consecuencia estadísticas tan horribles y desalentadoras para toda la humanidad y su indiferencia, que países como el actual Bolivia, desde su fundación como república 1.826, como tiene recursos energéticos, gas y petróleo, que siempre se los habían llevado sin pagarlos y  por la cara los gringos, menos en la etapa de Evo Morales, desde aquel inicio como república, hasta el último golpe de estado provocado por los “latigueros” la semana pasada, Bolivia, con una media de un máximo de dos años por presidente de república, casi noventa de ellos se han sentado en un sillón propiedad, hasta Evo Morales, de los yanquis.

Todo, ante una estupidez colectiva; ante un egoísmo colectivo, que tan solo necesita de la frase hecha, para que todo quede justificado. Y aquel progreso social y de calidad de vida con el que sonábamos no hace tantos años; se puede contemplar con horror tremendo, que todo era un sueño; que todo era mentira; que al hombre le encanta lo que mejor sabe hacer: Hacer derramar sangre de entre los débiles.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

1 COMENTARIO

  1. AMÉRICA

    América: Tierra

    Gaucho,
    arriero y Pampa,
    Chaco y selva verde,
    pastor por la puna
    y alta cordillera,
    fusil en la sierra,
    y por mil bribones
    un pueblo que suda,
    un pueblo que espera
    y no lo hace impaciente,
    sabiendo que el yanqui
    a su potro viejo,
    apocalíptico,
    en su fragua
    siempre abierta,
    poco a poco
    otra vez más,
    para el extermino
    lo hierra.

    América: Fuego.

    Brasa viva
    bajo un glacial
    aparente,
    y del rescoldo
    de ese fuego,
    tengo la seguridad
    que luego,
    más pronto
    que tarde,
    tendrá que brotar
    la llama,
    una comunión de gentes,
    que cuajen
    el futuro,
    el futuro que en mis sueños
    quiero.

    América: Agua

    Piedra a piedra
    toda la huella empapada
    de norte a sur,
    por Santiago de Allende
    por cada libertador,
    siempre siempre,
    siempre desangrada,
    cuando tienes
    más altura,
    limpia y alta
    que el Aconcagua.

    América: Aire

    Viento que aquí,
    algunos necios
    dicen,
    que apenas da
    para un trote;
    necios de esta corriente
    sosa e insulsa
    de este viejo mundo,
    que solo tendrá futuro
    si tú,
    con tu aire,
    le das tu abrigo:
    el abrigo
    que tu poncho arrope.

    América: Canto.

    Con guitarra
    nueva,
    y tu nuevo acento,
    y cuando vibras
    y cantas fuerte:
    Cancha Rayada,
    con tu victoria
    por ti me siento
    más en mi casa.

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