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La OTAN que viene puede ser negra

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El tremendo movimiento fascista pancista, que significa la Otan en sí mismo, que, como aves fénix ha resucitado de sus cenizas por necesidad económica de unos fabricantes de armas y de otros intermediarios energéticos, como todos y cada uno de los nazismos que ha conocido el mundo, al nacer, sin que sus fundadores deseen o piensen en ello, se pone automáticamente en marcha el reloj que va marcando su tiempo de duración.

Si las hienas tuvieran dos juegos de mandíbulas, seguramente una de ellas no pasaría nunca hambre; salvo al final de su propia antropofagia. Pues bien, la Otan sí dispone de dos mandíbulas, una que se la reservan para sí los EE.UU. y la otra que la envían bajo patente y bandera suya a que vaya por el mundo entero depredando y devorando.

Al margen de los abundantes ilusos que todavía no terminamos de creernos que lo que realmente ha comenzado es, o puede perfectamente ser, la tercera y definitiva guerra mundial que de comienzos a tiempos nuevos a los supervivientes, nada que ver con la basura que estamos viviendo unas generaciones a los que en conjunto nos gusta más la guerra y la destrucción, que ver los campos llenos de trigales entre amapolas las justas.

Resulta del todo bonito, emotivo, edificante como especie y grupo, que la Otan actual sea como una podrida y mentirosa póliza de seguros que cubre solamente a gente guapa, según el canon de belleza de los rubios de piel blanca, y que su cubertura no alcance a nadie que tenga la piel negra, porque, entre otras muchas cosas, ni ha habido nunca un dios negro, ni por el momento se le espera.

Pero los rubios blanquitos, autores de todos los dioses habidos y por haber a su imagen y semejanza, han procurado publicitar lo justo, que es lo mismo que ocultar, el hecho que, como la Cocoliztli, activada la denominada bacteria, o despertada en su letargo la Salmonela, allá por el siglo XVI, de los treinta millones que se calcula que vivían en la denominada por nosotros como Mesoamérica, muchos más de veintiocho millones de personas murieron retorciéndose de dolor, según cálculos modernos de científicos independientes.

La Otan de entonces, los frailes y colonos que llegaron a protegerlos, al quedarse los territorios casi despoblados, pudieron presumir de su capacidad de protección. Y aunque ahora, el solaje de aquello en todo el mundo se cuentan por muchas docenas de millones las personas que siguen infectándose y mueren por muchos cientos de miles cada año, cuando interesa se publicita que se ha erradicado y, a otra cosa mariposa.

La Otan actual, como la salmonela, busca sociedades débiles para parasitarlas, y la única condición que exige es que los vellones de cabellos que barran en las barberías sean en abundancia rubios. Y, semejante fascismo, por mucho dios que se le quiere meter, tiene su reloj contador de su tiempo en marcha.

Y cuña de su propia madera, donde ahora, EE.UU. todo son felicitaciones y parabienes y Otan de mil años, el sinsentido en sí de ese armarse para vencer al que tiene recursos, que generalmente tiene los recursos no los ha derrochado, no puede tener un final en el que nos levantemos todos de la sala de proyección de la vida al leer la palabra fin y nos vayamos tan tranquilos a nuestra casa.

Los blancos blanquitos estamos evaporando día y noche los aromas que nos pueden dar paz y felicidad; y, de un día para el siguiente el grupo Otan se despierta teniendo nuevos enemigos, no ya dentro de la necesidad de la hiena de mantenerse como especie, sino devorar para derrochar.

Y, de momento, los que no están derrochando mucho son la gente negra; la gente de color que está muy cansada de tanta discriminación, mentira e hipocresía blanca.

Y, en cualquier momento, pueden actuar.

Salud y Felicidad sin covid-22. Juan Eladio Palmis

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