Hace años J. Jairo Velásquez, más conocido como «Popeye», esto es, sicario de Pablo Escobar, describía con pelos y señales cómo el cartel de Medellín hacía negocios con los hermanos Castro y como de hecho desapareció alguna que otra avioneta llena de cocaína en Cuba cuando su destino era Florida.

A los años, cuando Castrolandia parecía más sola que la una, sin embargo, apareció Chávez con el petróleo venezolano debajo del brazo. Y el G2, formidable grupo de espionaje forjado en la estela soviética, saltó de La Habana a Caracas, y hasta hoy; extendiendo su tétrica sombra sobre toda Iberoamérica y hasta por España; extendiendo, asimismo, su reguero de sangre y miseria.

Pasen y vean:

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