-Por Andrés Alburquerque


De reciente la elite clasista y racista de la izquierda se ha abrogado el derecho de pensar por mí; de decirme por quién debo votar; de tenerme presente en todo y para todo. Bueno no precisamente para todo. La elite demócrata calla cobardemente y henchida de su propia culpa ante la masacre que perpetramos entre nosotros mismos en ciertos barrios del país. El individuo al que tildan de racista mayor; el presunto responsable de todos nuestros problemas; el que tarde o temprano, vista la ignorancia de sus huestes, declararán culpable de la crucifixión de Jesús; si es que para entonces Nuestro Señor aún existe; ha ofrecido ayuda con el envío de la Guardia Nacional para protegernos de las pandillas y la mala vida; pero con alguna que otra excepción los demócratas prefieren que muramos como moscas antes de darle al presunto verdugo de América la más mínima victoria.

Ahora se habla de continuar las clases por vía remota ante el repunte de la pandemia; y claro que hay que tener en cuenta este puntual virus y tratar de no contagiarnos, pero ya que se piensa tanto en Jamal y Takeesha; ¿la elite demócrata ha tenido en cuenta que en muchos hogares de afroamericanos el servicio de internet no es como en la media del país? ¿Ha tenido esta élite en cuenta que mientras millones de niños y jóvenes americanos cuentan con buenas casas y espacio para estudiar en muchos hogares afroamericanos el joven o los jóvenes cuentan con un espacio reducido con apenas una mesa y un montón de chiquillos jodiendo y gritando a pocos pies del pupilo? Para no mencionar los tiroteos y otras pandemias de las que nadie habla.

¿Esos señores y esas señoras que viven en los zip codes que todos sabemos y cuyos hijos han recibido la luz de la educación y el saber junto con la leche materna han pensado por un momento en las condiciones en que debe tratar de aprender Jamal Jr.? ¿O es que ellos en su infinita arrogancia piensan que todos tenemos apellidos compuestos separados por guiones y un pariente que vino en el Mayflower?

La decisión de abrir las escuelas o no es difícil de tomar; lo sé; no voy a omitir situaciones con tal de culpar a la izquierda; pero no puedo dejar de notar con cierta suspicacia que mantenerlas cerradas a fin de cuentas profundiza la diferencia entre los más vulnerables y el resto del país. Aumenta la frustración y el resentimiento entre los have nots; y, en última instancia, viene como anillo al dedo a esa élite antipatriota cuyo caldo de cultivo es la desintegración de nuestra identidad.

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