La batalla de Lepanto, minuto a minuto

Hace 445 la Santa Alianza se enfrentó en el Golfo de Lepanto al poderoso Imperio otomano, en lo que Miguel de Cervantes definiría como «la más alta ocasión que vieron los tiempos

César Cervera, ABC
El fracaso de una alianza cristiana contra los turcos a principios de siglo, que incluía a Venecia, había obligado a los venecianos a estrechar lazos con los turcos. Sin embargo, al inicio del reinado de Selim II, los turcos dinamitaron las buenas relaciones con los venecianos al conquistar en 1571 la rica isla de Chipre con la intención de acabar con el llamado «cordón veneciano». El Papa Pio V vio en las desavenencias entre turcos y venecianos la ocasión perfecta para formar su anhelada Santa Liga que comenzó con la recaudación de impuestos en más de 300.000 parroquias y más de 150.000 conventos. Finalmente, en la Liga se integraron España, Génova, Venecia, el Papado, la Orden de Malta y varios ducados italianos, pero Francia y Austria, que prefirió evitar un nuevo enfrentamiento con los turcos, se quedaron al margen.

Cronología

Agosto. 1570. 
Los turcos desembarcan en Chipre.
9 de sep. 1570.
La ciudad de Chipre, Nicosia, no puede resistir el asedio de los turcos y cae ante el poderío otomano después de dos meses de asedio. Mueren más de 30.000 personas y son hechas presas otras 20.000.
24 de mayo. 1571.
Pío V fuerza una reunión con los representantes de Venecia y España y, finalmente, se firman los acuerdos de la Santa Liga. La decisión es tomada ante el pavor que genera la potente flota que han logrado reunir los turcos y la conquista de Chipre. Así pues, quedan unidas bajo la misma bandera las regiones de España (que debía sostener el peso de la mitad del total de las naves y los hombres), Venecia, Génova, Malta, el ducado de Saboya, Toscana y los Estados Pontificios. Todos, dispuestos a expulsar a la flota infiel de las aguas del Mediterráneo.
Mayo. 1571.
Como comandante en jefe de esta alianza se seleccionó a Don Juan de Austria, hijo bastardo de Carlos I y favorito del Papa. De hecho, se contaría después que Pío V supo que él iba a ser el elegido mientras ofrecía una misa en Roma. Se había percatado de ello al repetir tres veces durante la oración la frase siguiente: «Hubo un hombre enviado por Dios llamado Juan».
Mayo. 1571.
Viaja a Madrid el cardenal Miguel Bonelli para presidir en la iglesia de Santa María una misa en honor a Juan de Austria, nuevo Generalísmo de la Armada aliada. El hijo bastardo es visto ya como un salvador de la cristiandad por parte no solo de los líderes y los soldados, sino también del pueblo llano. Los turcos, por su parte, se enteran de que se está armando una flota a su mando y aumentan sus ataques a buques católicos.
6 de junio. 1571.
Sale para Barcelona en coche de caballos Don Juan de Austria para ultimar los preparativos de la gran operación naval que se plantea realizar contra la flota turca. En su viaje, el bastardo se detiene enMontserrat para visitar y orar a la virgen.
16 de junio. 1571.
Don Juan de Austria entra en Barcelona bajo salvas de artillería, sonido de campanas y la aclamación de cientos de personas que han ido a disfrutar de su presencia. Una vez en la zona, convoca a los generales hispanos para que se reúnan con él y puedan iniciar el camino a Mesina. Allí se unirían con su flota a las galeras papales y venecianas y saldrían a dar caza a la potente armada turca que había asolado Chipre.
20 de julio. 1571.
Don Juan de Austria sale de Barcelona con 47 galeras españolas en dirección a Mesina.
26 de julio. 1571.
El comandante en jefe llega a Génova para unirse a los buques comandados por el condotiero (mercenario) al servicio de España Juan Andrea Doria.
Agosto. 1571.
Las flotas comienzan a reunirse en Mesina (al sur de Italia). Los primeros en llegar son los malteses con tres navíos.
Una vez reunida en el puerto de Mesina, la armada combinada pudo vanagloriarse de estar formada por una intimidante fuerza de galeras (más de 200), fragatas y barcos de menor importancia. Todo ello, aderezado por los soldados españoles más valerosos de la época.
Septiembre. 1571.
La armada turca al mando de Ali Pachá (el general en jefe enviado por el sultán Selim) se posiciona a finales del verano en Prevesay, desde allí, se dispone a pasar el golfo de Lepanto. Su objetivo es llegar a la zona, asentarse en la posición y aguardar en un lugar seguro por si la flota cristiana se plantea atacarles. Los turcos ya saben de su existencia, pero no tienen constancia de su verdadera magnitud debido a los datos precarios ofrecidos por los soldados cristianos capturados.
Septiembre. 1571.
Las órdenes del sultán han sido claras y directas para sus oficiales: combatir a los cristianos allí donde les encuentren.
Agosto – septiembre. 1571.
Llega a Mesina un nuevo emisario del Papa. (Monseñor Odescalco, Obispo de Pena) Su objetivo no es otro que acabar con las dudas que pueda tener Juan de Austria antes de enfrentarse a los turcos y, por descontado, repartir la gracia de Dios entre los soldados cristianos. A su vez, el religioso organiza varias penitencias piadosas como ayunos, hace una confesión general entre los combatientes y lleva a cabo una procesión. Finalmente, da su bendición a cada uno de los barcos del puerto.
Agosto – septiembre. 1571.
En Mesina, antes de partir, es necesario que más de4.000 soldados españoles embarquen en las galeras venecianas, pues estas cuentan con un número muy pobre de infantes en su interior, están mal equipadas y, a su vez, no tienen con suficientes combatientes como para poder asaltar los bajeles enemigos. Esta medida es aceptada a regañanadientes por el veterano oficial de 75 años Sebastián Veniero.
Tampoco puede hacer mucho más que tragarse la disposición, pues viene del propio Juan de Austria. El bastardo también ordena a sus galeras (que cuentan con 5 cañones en proa) que retiren las hermosas esculturas de la proa de sus cascos ysierren los espolones para que, llegado el momento de disparar, las balas sean más letales al seguir una trayectoria recta.
16 de septiembre. 1571.
La flota combinada sale con la vista puesta en el puerto de Corfú (una isla ubicada al noroeste de Grecia). A esta región llegan el 27 de septiembre. Por delante del grueso de la armada se destacan ocho naves de Juan de Cardona con órdenes de explorar la zona. Una vez en Corfú, los buques de la Santa Liga se encuentran con un espectáculo dantesco: la zona ha sido atacada por los turcos, que han destrozado la ciudad a placer y sin apenas oposición. Los oficiales, y especialmente el hijo bastardo de España, claman venganza.
28 de septiembre. 1571.
Los exploradores informan a Juan de Austria de que la flota enemiga ha sido avistada en el puerto de Lepanto. El bastardo real organiza un consejo de guerra para determinar la forma en que actuará la armada combinada. Parece que ha llegado el momento de combatir.
28 de septiembre. 1571.
A la reunión asisten Marco Antonio Colonna, Agostino Barbarigo (un noble veneciano encargado de dirigir una buena parte de las galeras de su país), el Comendador Mayor, el maestre de campo general Ascanio de la Corna, el marqués de Santa Cruz, Juan Andrea Doria, Cardona, los príncipes de Parma y Urbino, Paulo Jordán Ursino, el conde de Priego, don Miguel de Moncada y otros tantos. La mayoría son partidarios de enfrentarse de una vez a los turcos y expulsarles de las aguas. Todos, salvo Juan Andrea Doria quien, por miedo a que Ali Pachá cuente con una flota mayor de lo que creen, aconseja prudencia y no entrar en combate. Finalmente se decide luchar.
28 de septiembre. 1571.
Por su parte, Ali Pachá organiza también un consejo de guerra. En él, sus oficiales discuten acaloradamente la idea de enfrentarse a la Santa Liga. En principio, son muchos los que solicitan prudencia, especialmente Pertev, el general de infantería, quien reitera que la mayoría de los soldados son novatos y es la primera vez en su vida que se suben a una galera. No obstante, el general en jefe es tajante: el sultán les ha ordenado combatir a la cristiandad donde sea, por lo que lucharán. Esta decisión se ve reforzada por la asistencia al consejo de varios «capitanes ardorosos» ansiosos de combatir contra los enemigos de Alá. Habrá batalla.
3 de octubre. 1571.
La armada combinada leva anclas y endereza proas hacia Oriente. El viento les es propicio. Su plan es descender al sur, hasta las islas de Cursolari o Equinodas, y esperar hallar al enemigo en sus cercanías.
7 de octubre.
Es domingo. Como día dedicado al Señor, los soldados de la armada combinada escuchan misa en los diferentes navíos. Posteriormente, continúa la marcha.
7 de octubre.
Cuando la armada llega a la altura de la isla de Oxia, Juan de Austria recibe la noticia más importante de la jornada: velas en el horizonte. Son los buques de Ali pachá. Las diferentes galeras cristianas piden una reunión para determinar el siguiente paso a seguir. Todo queda a la espera de la respuesta del bastardo real. Juan de Austria es tajante: «Señores, ya no es hora de deliberación, sino de combate».
7 de octubre.
El joven Ali Pachá tiene un momento de duda al ver las cuantiosas velas de la armada combinada. Estas se acrecientan cuando dos de sus oficiales (Pertev y Uluch-Ali) le instan a retirarse y ponerse al abrigo de una serie de castillos aliados ubicados en la costa. La respuesta del emisario del sultán es tan clara como la de Juan de Austria: no le dará la satisfacción a los cristianos de ver como huye. La batalla está servida. Don Juan ordena cortar los grilletes de los prisioneros condenados a galeras y entregarles armas. De buena mañana, los dos bandos comienzan a formar sus líneas de batalla en el golfo de Patras.
7 de octubre.
Desde la capitana turca (en la que se encuentra la bandera verde del Profeta que garantiza la victoria contra los infieles) empieza a salir una música de címbalos y trompetas que es seguida por el resto de las naves musulmanas. El jolgorio es espectacular. Por su parte, el silencio reina en las galeras cristianas.
7 de octubre.
Con el frío de la mañana apremiando la llegada de la contienda, Don Juan decide dar una última arenga a sus soldados antes de comenzar la lucha. Para ello, se sube a una pequeña fragata y recorre el frente gritando el siguiente discurso a los venecianos: «Hoy es día de vengar afrentas. En las manos tenéis el remedio de vuestros males. Menead con brío y cólera las espadas». A los españoles, por su parte, les añade: «Hijos, a morir hemos venido, a vencer, si el cielo así lo dispone. No deis ocasión a que, con arrogancia impía, os pregunte el enemigo: ¿dónde está vuestro Dios? Pelead en su santo nombre que, muertos o victoriosos, gozaréis de la inmortalidad».
11: 00.
Poco después, Don Juan vuelve a «La Real» y, sobre las 11 de la mañana, dispara un único tiro sobre «La Sultana». Signo de que comienza el combate.
[Conoce aquí los secretos que esconde la batalla de Lepanto]

Las galeazas se mueven

-Mientras las seis galeazas son remolcadas hacia el frente de la formación española (dos por cuerpo de ejército) empujadas a su vez por dos galeras cada una, el viento -que llega del este- cambia y adquiere un rumbo opuesto.
-Los cristianos se han tomado esto como una señal divina. Ahora son ellos los que tienen la capacidad de usar el viento para maniobrar, mientras que los turcos deben sacar los remos para poder mover sus buques. A su vez, el humo provocado por los disparos (tan molesto en batalla) ya no les volverá a la cara, sino que se dirigirá hacia los turcos.
Don Juan de Austria ordena a Andrea Doria que no se separe de la fuerza principal y cubra su flanco derecho. Le preocupa sumamente la actitud del oficial, quien parece estar más atento de no perder sus propias naves que de vencer a los infieles.
-Mientras las galeazas se ubican frente a los tres cuerpos de la Armada combinada, los marinos se arrodillan para lanzar una breve plegaria a los religiosos embarcados. Estos les dan su bendición. Hoy será un gran día para la cristiandad.
-A voz en grito, Ali Pachá ordena avanzar, superar las galeazas venecianas y trabar combate con el cuerpo principal de la Santa Liga. Acompañados de un gran jolgorio, los navíos turcos se lanzan al ataque.
-Como estaba previsto, las seis galeazas lanzan una terrible lluvia de plomo sobre las galeras enemigas. El griterío musulmán se acalla ante el estruendo de los incontables disparos de estos ingenios adelantados a su tiempo.
-Se ha disipado el humo. Los cristianos esperan ansiosos. ¿Habrán funcionado los ingenios artillados? La respuesta es negativa. A pesar de que han causado grandes daños en dos galeras enemigas (a las que han enviado al fondo del mar) su actuación no ha sido determinante. Al menos, han desbaratado el orden inicial de los turcos.
-Los enemigos de la cristiandad ponen proas hacia la flota combinada tras pasar de largo las galeazas, ubicadas a una milla de los cuerpos principales. Ahora va a comenzar realmente la batalla.
Siga en el ABC
 

Salir de la versión móvil