IBERIA, maestra de la vida. ( I )

Si has nacido en Hispania o Iberia, tu imperativo categórico debe ser: Vivo de tal manera que mi razón y mis sentimientos deben aceptar esa realidad por encima de cualquier otra y mi acción dirigirse al objetivo de engrandecerla.
La Península Ibérica es una formación geográfica bien definida, limitada por mar en sus tres cuartas partes y el resto por los Pirineos.
En este extremo del continente europeo comenzó la globalización de la cultura, de la economía y del intercambio social a gran escala. La Península Ibérica, Iberia para los griegos, Hispania para los romanos, ofreció su espacio, riquezas y experiencia a sus pueblos invasores en los comienzos de su civilización, y siguiendo esos mismos procedimientos se convirtió en potencia colonizadora y civilizadora de medio mundo.
Iberia es un inmenso incunable inacabado en el que han garabateado todos los pueblos de su historia. Con escritura pictográfica e ideográfica sus primeras tribus anarquistas; con letra propia, fenicios, griegos, romanos, cartagineses, godos, árabes y hasta franceses, en deseoso mestizaje con la caligrafía monástica y humanística peninsular; luego, el llamado Nuevo Mundo llenó páginas y páginas de glorias y agravios en sus descolorido y viejo papel.
Iberia, goelógica y geográficamente, es «causa sui», no necesita ni Estado ni bandera, ni siquiera reconocimiento o consenso humanos para existir.
El ser de Iberia es uno, y dan testimonio de su realidad aquellas características objetivas, fácilmente observables, que le son propias y que la distinguen de los territorios más próximos: Los vientos, los fenómenos atmosféricos que ocurren en ella de oeste a este, el pólen de sus variadas plantas, su orografía e hidrografía, las aves que la sobrevuelan, sus bosques, el reino animal, etc., solo el hombre ha negado su existencia y la ha fragmentado. Son cualidades evidentes, comprensibles a la razón humana, aceptadas y poco rebatibles. Es este un planteamiento objetivo superior a cualquier opinión subjetiva, pues Iberia puede considerarse un modo de creación » natura naturata » y, por tanto, se autoafirma y autoacredita en su creación natural anterior a su propio poblamiento humano y su historia civilizadora.
Partido Ibérico (íber).

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