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Guía de Cubatur de 1970 a 1980 (segunda parte)

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París, 3 de septiembre de 2019.

Querida Ofelia:

Esta es la segunda parte y última de la crónica sobre mi trabajo como guía de Cubatur en Cuba entre 1970 y 1980.

…puerta del costado del Salón Aguiar, mientras que en el Hotel Habana Libre se encuentra en la puerta del primer piso qua está señalada con un cartel que dice Salón de Banquetes.

Cada noche se debe llenar una planilla, donde se debe escribir el nombre del turista qua faltó ese día a alguna de las visitas programadas o al restaurante durante una de las comidas, ésta se coloca en un sobre cerrado sobre el cual se escribe el nombre del funcionario de Cubatur del hotel y se entrega en la recepción.

Estos funcionarios de Cubatur, se encargan en cada hotel, de recopilar toda la información posible sobre cada turista durante su permanencia en el mismo. Trabajan bajo la apariencia de un gentil funcionario, que está allí las 24 horas del día -vive en el hotel-, a disposición de los extranjeros. A él se deben entregar también todos los números de teléfono o las direcciones de ciudadanos residentes en el país y que el turista desea encontrar.

A estos funcionarios les interesan mucho tres tipos de turistas:

1 – los intelectuales y periodistas,

2- los que critican o se manifiestan contrarios a lo que ven en Cuba,

3- los que están de acuerdo con todo y alaban el sistema.

Así a los de los primeros dos grupos, ya les tendrán incluso asignadas las habitaciones «especiales» en todo su recorrido por Cuba. Los del tercer grupo recibirán atención especial, una serie de regalos que consisten en libros, carteles, discos, materiales de propaganda de todo tipo, y siempre a través del guía, como si fueran regalos personales debido a su simpatía por el sistema revolucionario cubano.

Así se le tratará de captar, se le invitará a ir a la sede del P.C.C. (Partido Comunista de Cuba), a los C.D.R. (Comités de Defensa de la Revolución) y a la F.M.C. (Federación de Mujeres Cubanas). Allí personas, que ya han sido preparadas al efecto, lo tratarán de captar por todos los medios. Se llega incluso a invitarlo de nuevo a ir a Cuba, pagando todos los gastos el I.C.A.P. (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos).

De esta forma se trata de convertir al turista en un propagandista del régimen cubano; se le da la dirección del Comité de Amistad con Cuba en su país para que al regreso a su patria tome contacto con él y colabore en propagar «la verdad sobre Cuba». Todo esto se hace muy sutilmente, como si fuera incidental. Conozco personalmente numerosos casos como éstos.

Al turista se le aconsejará siempre tomar el taxi del servicio de huéspedes del hotel y no uno al azar por la calle. Se le dirá que los del hotel están a disposición de ellos y son de mejor calidad y más económicos, gracias a la tarjeta donde indica el nombre del hotel, el suyo propio y el número de la habitación. La realidad es muy distinta: el taxista anotará en su cuaderno la dirección a la cual llevó al turista, la hora y el número de la habitación, todos estos datos los pasará al jefe del aparcamiento del hotel.

Para poder comprar en la boutique: licores, recuerdos, tabaco, cigarros, etc., pagará directamente en dólares.

Existe en Cuba un gigantesco mercado negro y mucha prostitución, miles de jóvenes cubanos ofrecen cambios de divisas o prestaciones sexuales, a cambio de:  pantalones vaqueros, medias de nylon, cosméticos, ropas y cigarrillos. Esto es una verdadera plaga nacional.

Baste recordar que en esos años cada hombre cubano, que no perteneciera a la clase privilegiada, tenía derecho cada año a: un pantalón, una camisa, dos calzoncillos, dos pares de medias y un par de zapatos; mientras que las mujeres tienen derecho a: un par de zapatos, 2 bragas, 2 sostenedores y 4 metros de tejido.

El turista no sólo es controlado por el guía, sino también por: los choferes del autocar y de los taxis, todos los funcionarios y empleados de hoteles y centros turísticos, etc. Siempre será hospedado en su recorrido por la isla en lugares aislados del resto de la población local, como por ejemplo: Hanabanilla, Soroa, Viñales, Guamá, Guardalavaca y otros, que son verdaderos ghettos internacionales.

El guía debe siempre pasar por diferentes mesas, durante los horarios de las comidas, tratar de conocer al máximo a cada turista del grupo, interesarse por sus opiniones, sus inquietudes, captar toda relación que tenga con la población local (lo cual es sólo realmente posible en La Habana).

Algunos grupos tienen incluidas visitas a fábricas y cooperativas, siempre, son los grupos organizados por los partidos o sindicatos de la izquierda.

Al llegar a estos lugares, que son siempre los mismos, se encuentran supuestos campesinos u obreros, que contarán las ventajas y maravillas del sistema comunista. En realidad estas personas son graduados universitarios, casi siempre en psicología o sociología, miembros del P.C.C., cuyo trabajo consiste en estar en esos lugares para recibir a los turistas.

Esto ocurre por ejemplo con la “campesina” de la Cooperativa Agrícola La Yaya, cerca de la ciudad de Santa Clara o con la «obrera» de la manufactura de tabacos Partagás en la Ciudad de La Habana, etc.

Incluso, al visitar la cooperativa agrícola ganadera de Jibacoa, cerca de la playa homónima, a 70 km de la capital, el autocar se detendrá frente a un edificio de apartamentos -el mismo siempre-, el guía invitará a los turistas a visitar las casas de los campesinos. Estos les harán ver sus confortables apartamentos y les ofrecerán café, el cual poseen en abundancia. El turista así, es engañado a cada paso.

Todo está planificado, la comedia se extiende a todos los niveles, llega hasta el Hospital Psiquiátrico en La Habana, donde los «enfermos» bordan, cosen, practican deportes etc., para demostrar los avances de la psiquiatría en Cuba. Esto se realizaba acompañados del barbudo director del centro el Comandante Ordaz, extremadamente amable con los visitantes.

Así, cuando el turista se marcha de Cuba, se lleva una imagen falsa del país que ha visitado. Sin embargo, el turista que busca, que abandona la programación (con los riesgos que esto implica), el que camina y busca solo, puede darse cuenta de la dramática realidad que vive cada día el pueblo cubano. Pero ¿Cómo puede hacerlo sin tener problemas con la policía? ¿Cómo puede conocer el pueblo que desde hace tantos años vive con la tarjeta de racionamiento, que logra sobrevivir gracias al gigantesco mercado negro, que no tiene posibilidad de hablar, de criticar, de leer, un pueblo controlado por un despiadado régimen?

El cubano de a pie no es el que el turista ve en los hoteles, restaurantes, cabarets o centros turísticos, ése es el militar o el burócrata. El cubano de a pie es el que sufre la cárcel en Boniato (Santiago de Cuba), Combinado del Este, Nuevo Amanecer, Taco Taco (Pinar del Río) y la de Sancti Spíritus, o en las decenas de Granjas de Rehabilitación esparcidas por las sabanas de las provincias de Camagüey y Ciego de Ávila.

También es el que tiene miedo, el que vive en el terror, o el que forma parte de la cifra superior a los dos millones de refugiados en diferentes países.

Al regresar a su país, si el turista fue catalogado como uno de los maravillados con la «realidad cubana», continuará recibiendo propaganda de todo tipo, como si fueran regalos personales del guía, pero si fue clasificado como disidente, entonces no recibirá nada y si incluso hiciera una carta al guía o a al funcionario de Cubatur conocido en Cuba, jamás recibirá respuesta a la misma.

Los acompañadores extranjeros, reciben un trato especial, pues van a menudo el país. Se les trata de captar por todos los medios posibles: regalos, invitaciones a restaurantes de lujo, para convertirlos en agentes de influencia en sus países.

Incluso, los guías cubanos reciben instrucciones, para tratar de establecer relaciones sexuales con ellos, para tratar de obtener el máximo de información sobre las agencias de viajes, sus empleados, sus intereses hacia Cuba y sus futuros proyectos. Incluso se han preparado a algunos con este fin. Gracias a sus servicios de «este tipo» prestados, ocupan hoy importantes cargos de funcionarios.

Recuerdo los casos de los periodistas italianos Giorgio Frasca y Gianfranco Simone, sobre los cuales se ejerció un control enorme, a pesar de que el primero de ellos mostrase simpatía hacia la revolución cubana.

Si el grupo pertenece a organizaciones de izquierda, recibe algunas conferencias por invitación del I.C.A.P. Se llevan a cabo en la propia sede de ese organismo o en el Salón Libertad del Hotel Nacional o en el Salón Dorado del Hotel Habana Riviera, donde un funcionario del P.C.C., después de hacer un sublime panegírico sobre el comunismo en Cuba, hará hincapié en la necesidad de la lucha armada como única vía de «liberarse de las cadenas capitalistas» en cualquier parte del mundo.

Posteriormente se participa en un brindis y se pasa a algunas mesas donde los turistas pueden tomar toda la propaganda que deseen ya sea en forma de: libros, discos, cassettes, carteles, banderas y distintivos.

El pueblo cubano bien sabe lo que le puede ocurrir si un extranjero lo visita su casa, si habla con él en la calle o en otro lugar. Es famosa toda la campaña de intimidación llevada a cabo contra el pueblo de la ciudad de Trinidad. Esta, por poseer variados y bellos monumentos y reliquias coloniales, así como iglesias barrocas, es meta fija del turismo. Allí los niños se atrevían a pedir «chewing gum» o caramelos a los extranjeros y los padres eran sancionados por «no saber educar revolucionariamente a sus hijos”.

En los hoteles y lugares turísticos, es muy fácil saber quiénes son los policías que vigilan a los turistas. Ridículamente, todos tienen más o menos el mismo «look»: pantalón oscuro, camisa tipo guayabera, uno o dos bolígrafos en el bolsillo izquierdo de la camisa. Por lo demás llevan uno o dos habanos, reloj de acero y por lo general una agenda o periódico doblado en la mano.

En julio de 1980, la jefa de los guías, me llevó a la oficina de Europa Occidental, para entrevistarme con Nasser, que era el Jefe de ese Departamento. Él y otro funcionario, me informaron que yo acompañaría a un grupo de 30 turistas procedentes de Italia. Pertenecían a una organización de izquierda y venían con un “tour» especial, en hoteles de primera clase excepcional.

Por tal motivo me iban a incluir a la esposa e hijos del general soviético Klimenko, residentes en la Habana, a los cuales debía proporcionarles todo lo que quisieran. Debía tener presente, que eran “hermanos nuestros” e informar inmediatamente a los funcionarios de Cubatur, de cualquier anomalía en el grupo.

Realmente estas personas fueron gentiles, educadas e incluso me invitaron posteriormente a una cena en unión de otras personas a su bella residencia del Kholy de La Habana. Había allí tal abundancia de todo lo que le falta al pueblo cubano, que era bochornoso. Pero es así como vivían los nuevos colonizadores; durante siglos fueron españoles, ahora eran rusos.

Cuando el grupo regresa a su país, el guía debe pasar un máximo de tres días en redactar el denominado “Informe de Grupo”. Consiste en detallar todas las incidencias de la programación y la opinión personal sobre el acompañador extranjero y sobre cada uno de los turistas.

Este informe debe finalizar siempre de la misma forma: Con Saludos Revolucionarios de ¡Patria o Muerte¡¡Venceremos!

Un gran abrazo desde la espléndida Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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