Fidel 95 y Cuba en cero

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  • Todo empeño por resucitar políticamente a Fidel Castro, además de ridículo, aumentará el desprecio de muchos cubanos hacia un gobierno incapaz, insalubre e indecente, que Cuba no merece.


Opinión (de su página personal en Facebook)


Carlos Cabrera Perez


“Yo seré el hombre más odiado de Cuba” Fidel Castro (8 de enero de 1959)


El jolgorio norcoreano por los 95 años de Fidel Castro, renacido en la web presidencial y otros espacios de propaganda oficial, confirma la debilidad del gobierno, la escasa legitimidad popular del mandatario Miguel Díaz-Canel y el uso de la figura del finado Comandante en Jefe como curita emocional a la grave crisis política, económica y sanitaria de Cuba.


La directora de Granma estaría tronada desde este jueves por esa imagen en portada, convirtiendo a Fidel en una mezcla del caballo alado coreano Chollima y el bolerista dominicano Daniel Santos; nunca la estética post revolución alcanzó tales cuotas de perfomance de las Industrias Locales del Poder Popular.


Todo empeño por resucitar políticamente a Fidel Castro, además de ridícula necrofilia, aumentará el desprecio de muchos ciudadanos hacia un gobierno incapaz, insalubre e indecente, que Cuba no merece.


El grotesco carnaval por el cumpleaños de un fallecido es profundamente anticubano porque la nación y sus hijos aprendieron que el dolor y la emoción forman parte de la intimidad y nunca de la exaltación oportunista y chapucera de pioneros por el comunismo y medallistas olímpicos, atletas de extraordinarios méritos por sus triunfos y las condiciones en las que entrenan; ahora humillados con una jabita de catibías y aseo, símbolo de la cultura de la pobreza y la indefensión aprendida.


El uso de la figura y el pensamiento de Fidel Castro como elemento de unidad nacional es la peor ocurrencia del tardocastrismo porque fue una figura de división, de adhesiones y odios feroces, como ese cubano agrediendo verbalmente a La Diosa, quejosa de la escasez de medicamentos y porque la exaltación del fallecido ocurre cuando Raúl Castro, responsable del 11J, aun vive y su 90 cumpleaños no tuvo el estruendo que ahora perpetran Díaz-Canel y su equipo de joseadores del embullo de la nada.


«Fidel es insustituible, salvo que lo sustituyamos entre todos», advirtió Raúl Castro en 2008, pero nadie escuchaba porque lejos de un gobierno coral, Cuba padece una secta de burócratas sin ideología, repetidora de letanías castristas -incluso en encuentros privados con dignatarios extranjeros- sin un proyecto de nación e incapaz de leer adecuadamente la rebelión del 11J, que afloró un notable vacío de poder.


El único plan del gobierno cubano pasaba por una vuelta incondicional de Biden al deshielo Obama, que fue abofeteado por dos veces por Raúl Castro- seguir con el tumbe de los médicos y sanitarios alquilados al extranjero y el chantaje a los emigrados para que paguen consumo y servicios de sus familiares rehenes en Cuba, incluidas la educación y salud.


Las migajas a La Güinera, San Antonio de los Baños, Palma Soriano y San Isidro son parches cubiertos con donativos de ocasión, y la acelerada promulgación de leyes y decretos son maniobras contra la propiedad privada y no van a resolver los graves problemas ni aplacar la sed de democracia y libertad de los cubanos; hartos de tantas mentiras y traiciones.


Si tan fidelistas se autoproclaman porqué no recorren hospitales, como hizo Fidel Castro cuando la epidemia de dengue en 1981, ordenando la creación de 107 salas de terapia intensiva y mejoras cualitativas en hospitales provinciales y comarcales.
El mentecato de Marrero Cruz anda rebuznando contra médicos y demás personal sanitario en salones comunistas de cortinas cheas y suculentos pan con lechón y cerveza fría, mientras los criticados están desbordados por el brote pandémico de coronavirus y la falta de medios, medicamentos, oxígeno y descanso.


El avaro general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja sigue reacio a soltar el jamón de las remesas de la solidaria emigración, incluidas las recargas que gestiona la UM Etecsa y construyendo activos inmobiliarios de lujo, en medio de la peor plaga que asola a Cuba, que no recuperará turismo hasta dentro de cuatro años, tras los estragos causados por la COVID-19 y su subordinado primer ministro.


¿Qué pasó con el cable submarino de Internet, tendido desde Venezuela hasta Santiago de Cuba? Si tanta confianza tienen en el pueblo, porque apagaron digitalmente la isla durante y después de la rebelión del 11J; la reacción antinorteamericana de Bruno Rodríguez por la iniciativa de facilitar el acceso de los cubanos a la red de redes, solo confirma que en Exteriores, también Cuba ha empeorado, desde Canciller de la dignidad ha involucionado hasta el canciller de la guayaba.


Mas allá de su viabilidad técnica, la iniciativa de los parlamentarios Rubio y Scott para proveer Internet gratis y veloz a la isla, permite visualizar que un escenario de entendimiento y consenso bipartidista en torno a Cuba, es posible y deseable en Estados Unidos para evitar que La Habana siga aprovechando las diferencias entre Republicanos y Demócratas.


El papel de la emigración consiste en persuadir a burros y elefantes que Cuba necesita de ambos para convertirse en una nación libre y próspera y el mejor aliado posible en la región, porque la cosecha de David contra Goliath adorna cada Oficoda del caimán con ojos de piedra y agua.


Internet, contrario a las mentiras propagadas por el gobierno cubano, fue un actor secundario en la sublevación del 11J, cuando los cubanos saltaron a las calles para pedir pacíficamente libertad, democracia, justicia y pan; no hay mejor red movilizadora que las abismales diferencias de clases entre la casta verde oliva y enguayaberada y el noble pueblo que la padece y repudia.


La última orden de Fidel Castro fue que quemaran sus restos para ahorrarse las contingencias de Lenin, Franco, Mao Zedong, Pinochet, Stalin o Videla; pero sus continuadores siguen empeñados en convertir cada efemérides relacionada con el dictador comunista en actos anticastristas que, paradójicamente, pretenden desconocer las últimas voluntades del jefe y su visión sobre su propia muerte: ahondando le brecha entre realidad y ficción oportunista; gobernantes y gobernados.


Nueva York, 1998. Fidel Castro entrevistado por Bernard Shaw, de CNN:


«Bernard Shaw.- Después de Fidel, ¿qué pasará en Cuba?


Fidel Castro.- Como les decía ayer a un grupo de amigos que me preguntaban sobre eso, ese no es un problema mío, ese es un problema de los demás. Los muertos no opinan, y a los retirados, cuando opinan, les hacen muy poco caso. Esa es la verdad».
Cuando Raúl Castro, que se quedó en la mera intención reformista y es culpable del 11J, y Díaz-Canel, achicharrado política y popularmente en tiempo récord, se reencuentren con Fidel en el infierno proletario, el comandante los recibirá con sendas y sonoras trompetillas porque el quilo no tiene vuelto y fueron incapaces de cambiar todo lo que deba ser cambiado y de tener sentido del momento histórico.

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