Por Nicolás Águila

La profesora Marta Vila murió en las Canarias a fines de diciembre. Tendría unos 90 años o por ahí. Fue mi profe de Matemáticas en la secundaria de Cumanayagua hace como 50 años. Que se dice pronto.

Todavía me acuerdo de la multiplicación de binomios. Aquello del cuadrado del primero más el duplo del primero por el segundo más el cuadrado del segundo. Era el trinomio cuadrado perfecto, si no me falla la memoria remota. Lo cual nunca me sirvió para nada práctico en la vida, lo mismo que el teorema de Pitágoras y los logaritmos.

«A Marta Vila, tírala para el balcón», le cantábamos cariñosamente la conguita de moda. Y ella se encaraba y me decía: «Oiga, joven». Y a mí me daba gracia. Nada de decirnos compañeritos ni teque revolucionario. «La tiras tú, la tiro yo / tírala por el balcón».

Tenía un método efectivo para enseñar la multiplicación algebraica. Más por menos es menos. Pero ¿cómo así, profe? Porque el amigo (+) de mi enemigo (-) es enemigo (-) mío. Y menos por menos da más, porque el enemigo (-) de mi enemigo (-) es amigo (+) mío. Más nunca se te olvidaba.

A Marta Vila la expulsaron de Educación en 1968, porque no era federada ni miliciana o ‘chivatiente’. Lo cual, además de una injusticia, era una gran tontería, porque la Matemática nada tiene que ver con la ideología.

En la llamada Ofensiva del 68 fueron purgados muchos y buenos profesores que a la dedicación y el saber sumaban años de experiencia. Fue la medida más desastrosa que se haya tomado en el sistema educativo cubano.

Un grupo de antiguos alumnos suyos fuimos a verla a su casa de Cienfuegos a raíz de su despido. Era como una visita de desagravio. «A mí sí que no me van a poner a vender croquetas en el Guamá», nos decía entre risas.

Se dedicó, al parecer, a repasar en su casa y, en los últimos años, a preparar alumnos para la prueba de ingreso en la universidad.

¡A Marta Vila, súbela en elevador!

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