Por Daína Chaviano
Daína Chaviano, de ancestros asturianos está en España promoviendo su último libro «El abrevadero de los dinosaurios». Uniendo lo útil con lo agradable la escritora aprovechó para visitar la tierra de sus ancestros, Asturias, desde donde hizo estas sorprendentes declaraciones que confirman si es que caben dudas, la profunda españolidad de los cubanos.
España siempre sorprende, no importa lo mucho que uno la visite. Es un país de cultura milenaria y con una de las mejores gastronomías del mundo. Personalmente, prefiero la comida española por encima de otras. Hay algo en ella que despierta recuerdos remotos y perdidos de sabores que conozco aunque nunca los haya probado. En este viaje fui a Asturias. Era la primera vez que visitaba la tierra de mis ancestros. Después de explorar un par de edificios prerrománicos en Oviedo (de los que comentaré más adelante), almorcé en un pequeño restaurante de montaña, de ambiente familiar, donde todo el mundo se conoce y donde una forastera como yo se siente en casa. No puedo menos que recordar con añoranza ese almuerzo, en una tardecita tan fría como soleada: pastel (paté) de cabracho, cordero a la caldereta, un humeante y celestial pote asturiano (especie de fabada, pero mejor, porque contiene cantidades industriales de berza y es lo más grande que paladar humano haya probado), rematado con la obligada sidra asturiana, servida desde lo alto, y un arroz con leche donde descubres por qué ninguno de los que probaste luego en tu vida –hasta ahora– sabía como el que preparaba tu abuelita. En fin, si van por Oviedo, no dejen de subir hasta Santa María del Naranco (que desde el siglo 9 ó 10 fue palacio, y luego, en el 13, pasó a ser iglesia), y en la bajada no dejen de comer en el Restaurante-Sidrería Vista Alegre, una fondita pequeña e insignificante, donde uno almuerza como los dioses. Gracias a Mayda Bustamante, mi editora y guía de exploración, por invitarme a esa maravillosa excursión en busca de mis raíces culturales y gastronómicas.

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