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Antonio Rodiles, el susto

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El susto

Cada domingo el susto. Y el susto fue. Primero, verlo irse por toda 1ra parada en el centro de la calle y percatarme que lo seguía un carro blanco lentamente. Al rato llamar a Moya al parque Gandhi. “No, no ha llegado…esperemos un poco más”. Y yo: no Moya, estoy segura, lo arrestaron. Iba siguiéndolo un carro blanco.
A partir de ahí las horas que no pasan.
Ya sabes que todos fueron arrestados al salir del parque. ¡Pero no saber nada de él…!
Controlar la mente que te mete en los pensamientos más oscuros, controlar al corazón que a ratos se desboca. Sobre las cinco de la tarde la llamada de Boris González Arenas. Acaban de soltarlo, que es de los primeros, que Escobedo le dijo haber visto a Antonio con la camisa ensangrentada en el Vivac y ahí ya las manos frías.
Mi suegra preguntando. No sé nada aún Gladys, no puedo decirle. Mientras, ella en su silla rezando, con esa ecuanimidad que dan los años. Con esa fuerza que tiene.
Llamo una y otra vez a Escobedo. Apagado. Llamo a Moya. Apagado. Llamo a otros activistas. ¿No vieron a Antonio? ¿No vieron a Antonio? ¿No lo vieron?
Recuerdo la tatagua grande la noche anterior revoloteando en el cuarto. Mi abuela siempre decía era un mal presagio. Sujeto de nuevo la angustia.
Al caer la tarde el timbre de la puerta… tocado de esa manera que conozco. ¡Es él! Corro, abro y no puedo ni tocarlo. Trata de abrazarme.
Calma, calma… Sólo llorar desde mi corazón, desde mi rabia. Un llanto viejo, acumulado, de mucha gente…
Sepan canallas, no nos vamos a ir.
Borges dijo algo así como: si la sed va a abrasarme, que me abrase…
Fuente: AGM en facebook

 Rodiles: el régimen se siente libertad para hacer todo esto que está haciendo…

 

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