El pueblo cubano dijo «¡basta!»

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-Por Manuel Molina Ruiz


Te levantas por la mañana, y no hay agua, porque el agua por las cañerías solo la ponen una vez al día y no todos los días. Vas a desayunar, pero por la tarjeta de abastecimiento solo toca un pan al día, y el tuyo se lo dejas a tu hijo para la merienda.


Te vas al trabajo, en una guagua abarrotada, que solo pasa una vez cada dos horas, con la gente colgando de las puertas.


Llegas a trabajar, y todo son consignas de viva la revolución, cuadros de Fidel, reuniones del partido comunista, y convocatorias de manifestaciones a favor del gobierno. Ocho horas al día por un sueldo de 10 euros al mes, da igual si eres médico, ingeniero, profesor u oficinista. En el «comedor obrero» hay para el almuerzo, un poco de arroz blanco y agua con limón y azúcar prieta.


Vuelves a casa e intentas comprar algo que llevar a la mesa. Donde único venden algo para comer es en tiendas donde el precio es en dólares, y tienes alguno que te mandó tu familiar, el emigrado, el gusano, el enemigo. Vas a intentar comprar un pedazo de pollo congelado o una botella de aceite a precio de primer mundo. El pollo congelado por cierto, es de Estados Unidos. El bloqueo permite mandar y comercializar alimentos. Y muchos de los que mandan solidariamente, son vendidos por el gobierno en esas tiendas en dólares. Llegas a la tienda donde te avisaron que hay, y encuentras una cola de varias cuadras. No sabes si después de dos horas alcanzarás. Finalmente, consigues una lata de atún pero si quieres conseguir un jabón, tienes que hacer otra cola en otra tienda porque en esa no hay.


Vuelves a casa deshecha, pones algo de comer en la mesa, te sientas a ver la televisión, donde todo son más consignas revolucionarias. Eso si no hay apagón, que duran hasta 10 y 12 horas. Tu casa se cae a trozos, porque jamás habrá con qué pintarla ni arreglarla.


Si te atreves a decir algo en contra, te expulsan del trabajo. Y si sales a la calle con un cartel, te condenan a cárcel de varios años.


Esa es Cuba. Y no de ahora. Desde hace 60 años.


Con el apoyo y la complicidad de la izquierda de salón de Europa que va allí de vacaciones, a tomar mojitos y a follar mulatas por poco dinero.


En el país solo una empresa puede importar y exportar mercancías, y está en manos de los militares de la familia Castro. Su yerno general es el gerente.


¿Cómo está tu familia allá? -Me pregunta la buena gente. Vivos y no presos, es todo lo que se puede pedir por ahora. Gracias.


Y hay más. Claro que hay más. Hay gente pobre, muy pobre, que no tiene comida, como en el peor de los terceros mundos. Hay barrios enteros al borde del derrumbe. Hay calles llenas de aguas albañales.


Hay (poca) gente que vive un poquito mejor, no por su talento, ni por su esfuerzo, sino por ser lamebotas del amo y chivatos del vecino.


Hay una cultura de la delación y del daño.


En los hospitales tienes que pagarles a las enfermeras y a los médicos para que te atiendan, y llevar las sábanas para la cama, y morirte por falta de un balón de oxígeno o de antibiótico, o porque el medicamento que te tocaba se lo revendieron a otro.


Y podría seguir… Hacer un libro.


Cuéntaselo a tu amiguito que te borró porque dijiste que es una dictadura. Cuéntaselo a todo el ignorante que habla sin saber. Cuéntalo y dile que el comunismo real es igualito al fascismo, y que es un infierno viviente. Que cuando al fin se atrevieron a salir a la calle por primera vez en 62 años, los han masacrado, han sacado tanques, coches de policía y guaguas llenas de reclutas, obligados a enfrentarse a sus hermanos. Porque para el arsenal militar no hay bloqueo.


Cuéntalo todo. Y di que el pueblo cubano, al fin, ya dijo basta. ¡Viva Cuba Libre!

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