*Imagen: Dragón de Cuera, «policía montada» de las fronteras hispanas de Norteamérica hasta principios del siglo XIX

Solemos decir con sorna que los gringos son unos ignorantes y que ocultan su pasado español. Con todo, estas afirmaciones son, cuanto menos, discutibles. Que en Estados Unidos hay muchos ignorantes es cierto; tan cierto como que en España, especialmente las generaciones más jóvenes (y no tan jóvenes…), dan vergüenza ajena por su nivel cultural. Cada “reforma educativa” ha empeorado al personal por más imposible que parezca. Así que mejor no pretendamos ir de sobrados al respecto. Porque tal y como veremos, el problema no es tanto de Estados Unidos como nuestro. Y cuando digo “nuestro”, no me refiero sólo al actual estado español, sino a todo el mundo hispano.

A saber:

En Estados Unidos hay sociedades históricas muy serias que desde hace años están sacando a relucir con datos contantes y sonantes la influencia hispana. En Luisiana y en Texas se han creado sociedades de descendientes de canarios. Hablando de Luisiana, concretamente en Nueva Orleáns se habla con naturalidad y orgullo de cómo el descendiente de canarios Joe Falcón participó en la primera grabación de música cajún, así como Alcide Nunez, uno de los pioneros del jazz, también tenía sangre canaria. Ahora pregunten ustedes en España o en cualquier otro país de habla hispana cuánta gente sabe este dato… Sin embargo, el programa “La huella isleña” de la televisión canaria, cuando fue a entrevistar a los isleños de Luisiana, omitía en todo momento la palabra “España” o “español” (como si Canarias fuera una nación independiente y ajena a todo aquello que suene a España); mientras que los entrevistados sacaban a relucir la palabra “spaniard” cada vez que podían como parte de su identidad (1).

Con este tipo de cosas, se conoce de quién es el problema. Y esto va más allá de la “política”.

Desde hace  muchos años, mi paisano y maestro el historiador Francisco Rivas (2), especialista en historia del mundo del caballo, entre otros, viene defendiendo la influencia hispánica en Estados Unidos con datos como el origen hispano del vestuario vaquero, el origen de la famosa vaca tejana, que no es otro que la vaca mostrenca de las marismas de Doñana (que sigue el recorrido Andalucía-Canarias-Texas); las formas de montar y el tipo de caballo introducido en las praderas norteamericanas, cuyo ADN coincide con los caballos típicos de la mentada Doñana, esto es, el corazón de la Andalucía atlántica; así como multitud de artilugios usados por los llamados “cowboys” no se entienden sin el aporte del vaquero andaluz y luego de los ganaderos del norte peninsular, especialmente montañeses. Todos estos datos, asimismo, han sido corroborados por el periodista e investigador Borja Cardelús (3), quien defiende con vehemencia que toda la cultura “western” es de origen español. Asimismo, la filóloga e historiadora María Elvira Roca Barea (4), famosa con justicia por mor de su libro “Imperiofobia y Leyenda Negra”, añade las raíces hispanas al mundo de la música, llegando hasta el rock. Y Roca Barea aclara que buena parte de la cultura estadounidense no se explica sin el Virreinato de Nueva España, sin esa Nueva España que desde la Ciudad de México como base llegó con esplendor desde los confines de Alaska al Caribe y de cuyo corazón surgiría la actual nación mexicana, entre otros.

Sin embargo, en España hemos tenido que esperar a que desde las sociedades históricas de Estados Unidos nos lo digan, porque nunca le prestamos la atención que se merecían a nuestros autores.

De nuevo, ¿de quién es el problema?

Con esto de la sorna, también decimos que los gringos son ignorantes porque confunden España con México o el flamenco con la música mexicana. Pues bien, han tenido que pasar dos siglos para que se sepa que la petenera andaluza es de origen mexicano, y que la influencia criolla en la música andaluza va mucho más allá de los llamados –arbitrariamente- “cantes de ida y vuelta”, y que de hecho no hay palo flamenco que no tenga algo acriollado, empezando por la innegable base del fandango antiguo. Y esto, en la misma España, despierta la mayor de las reticencias entre los llamados “puristas” (5); lo mismo que hablar de influencia española en América despierta rabietas entre los indigenistas.

Y el problema lo tiene Estados Unidos…

¿También es culpa o problema de Estados Unidos que haya colegios españoles que hayan suprimido cualquier referencia al 12 de octubre y que sin embargo celebren Halloween? ¿También tendrán la culpa los estadounidenses de que hayamos perdido tanto el 2 de Mayo como el día de Santiago como festejos patrios?

No, el problema es nuestro. Reconozcámoslo de una vez.

Son los estadounidenses los que han dado voz a la historia hispana en su tierra, aunque sea de un modo harto restringido. Y también son ellos los que ven el parentesco del rasgueo de guitarra que va de España a México en continuas idas y vueltas. Y somos nosotros los que seguimos enfrascados en discusiones bizantinas e infantilismos varios, tirándonos los trastos a la cabeza mientras que otros se regocijan y benefician.

Decimos, con razón, que Estados Unidos ha tardado mucho en reconocer la contribución española a su independencia, y que desde luego, no le guardó ninguna gratitud –siendo la contribución española mayor y mejor a la francesa-, pues antes de invadir Cuba, Puerto Rico y Filipinas, estuvo dando por saco en las fronteras continentales con batallitas de filibusteros que siempre perdían. Bien; Estados Unidos habrá tardado mucho en reconocer la contribución española a través de la arquetípica figura de Bernardo de Gálvez; pero reconocida está, tanto en Estados Unidos como en los estadounidenses que viven en España; ya sea en sociedades históricas o hasta en los desfiles del 4 de julio. La pregunta es si en España conocemos y valoramos la figura de Gálvez… El historiador colombiano Pablo Victoria ha escrito un libro muy interesante sobre la epopeya de Gálvez, vencedor de Inglaterra. El historiador ecuatoriano Francisco Núñez del Arco ha sacado a la palestra jugosos datos sobre la contribución hispánica, tanto peninsular como criolla, a la independencia estadounidense; así como nuestro autor quiteño defiende el origen hispano tanto del patrón monetario como de la estructura política federalista estadounidense. No obstante, ¿el español de a pie conoce algo de esto? ¿Acaso muestra interés? ¿Y los hispanoamericanos?

Decimos, asimismo, que por qué en Estados Unidos no se hacen tebeos o películas sobre los exploradores españoles que se adelantaron siglos a los “cowboys”. Bueno, hasta donde yo sé, el magnífico plató natural para el rodaje del almeriense desierto de Tabernas (donde tantas películas se rodaron del famoso “spaghetti western”) sigue disponible. Nadie impide a dibujantes ni cineastas hispanos imaginar y recrear aventuras que dejen en pañales a John Wayne- QEPD- y compañía. Pero no, en España preferimos hacer películas tan sórdidas como pesadas (salvo honrosas excepciones), y si puede ser contra nuestra historia y contra nuestra cultura, mejor que mejor. Y por supuesto, con subvenciones estatales. En Hispanoamérica parece que más de lo mismo. Y es el mismo estado español (y esto es así gobierne quien gobierne) quien promociona y hasta financia el odio a la historia y la cultura de la hispanidad.

Así las cosas, nosotros mismos, divididos, desquiciados, alienados; ignorantes de nuestra rica y universal cultura, inconscientes de nuestro potencial, ¿qué podemos exigir ni a Estados Unidos ni a nadie? Hasta que no resolvamos nuestros propios problemas, no esperemos que vengan de fuera a hacernos el favor. Porque es verdad, como dice Roca Barea, que en Estados Unidos habrá un rebrote de la Leyenda Negra hispanófoba toda vez que el indigenismo suba –dada, asimismo, la lastimosa situación de los pocos indios que quedan allá- y es lo más cómodo para echar balones fuera; no vaya a ser que haya que recordar los uniformes azules de un ejército estadounidense que mataba indios que no muchos atrás habían convivido con España. Y a eso obedece la modita de derribar estatuas, primero a por Colón, y luego hasta por Fray Junípero Serra si se escantilla; siempre acompañado el gesto de algún político; a imagen y semejanza de Chávez y Maduro en Venezuela o de los Kirchner en Argentina. Mas, si la misma “España oficial” es quien lo promociona, y no digamos ya las repúblicas hispanoamericanas, ¿pues qué podremos esperar de los de las barras y las estrellas? Con este panorama, se reitera que mucho es que al menos algunas sociedades históricas dicen lo contrario.

La influencia hispánica en Estados Unidos es un hecho que va mucho más allá de la erudición historiográfica. Se respira en el día a día. El investigador cubano Ferrán Núñez, alma mater de “Españoles de Cuba”, dice que en la población hispana de Estados Unidos hay un potencial demográfico, cultural y laboral poco estudiado y valorado, forjador de una koiné que en verdad viene de bastante atrás.

Y bueno, ¿a qué estamos esperando entonces? ¿O seguiremos tropezando en la misma piedra?

NOTAS:

(1)Enlace del programa: https://www.youtube.com/watch?v=GnBaWiFelKg

Conste que en modo alguno estoy diciendo que el programa sea malo, sino que el sesgo ideológico nacionalista, con el “exclusivismo canario” por montera que se le quiere dar, forma una indudable parte de nuestro problema. El hecho de omitir a toda costa “España” o “español” corrobora esto que decimos.

(2)Francisco Rivas, natural de Bollullos de la Mitación (Sevilla), es autor del libro “Omnia Equi”, entre otros; libro que vivamente recomendamos para el tema que nos compete:

https://www.casadellibro.com/libro-omnia-equi/9788496416307/1013475

(3) Sobre Borja Cardelús, véase:

(4) Sobre María Elvira Roca Barea, véase:

(5)Sobre el flamenco y su relación con Hispanoamérica, véase:  

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