El nuevo arzobispo de Cuba cojea por la izquierda

EditorialEl nuevo arzobispo de Cuba cojea por la izquierda

«No quiero Capitalismo, quiero que el Socialismo progrese», afirmó el nuevo Arzobispo de Cuba en una entrevista de 2016.

Conviene recordar que en una entrevista de 2016 a la agencia de noticias AP, el ahora arzobispo de Cuba, Juan de la Caridad García, afirmaba que no quería que en Cuba volviera el capitalismo y añadía ufano que su deseo era que el socialismo siguiera progresando en la isla.

Con esas credenciales esperamos que el nuevo responsable de la Iglesia en Cuba consiga muchísimos avances ante la también nueva cúpula gobernante en la isla, puesto que sus objetivos son los mismos, a saber, mantenerse en el poder por todos los medios posibles, incluyendo los crímenes políticos.

Nacido el 11 de junio de 1948 en Camagüey, García fue el primogénito de una familia de seis hijos de un matrimonio de creyente pero no militantes del catolicismo.

A contracorriente del camino que muchos jóvenes tomaron de apoyar a la revolución tras su triunfo en 1959, García no se sumó al proceso sino que profundizó su fe para ser ordenado sacerdote en 1972.

Antes de ser nombrado obispo auxiliar de Camagüey en 1997 y Arzobispo de esa diócesis 2002, el entonces padre «Juanito» pasó por parroquias rurales donde no temía subirse a un jeep destartalado para hacer catequesis «cuando la misión en Cuba era como un sueño, porque había que tener cuidado al salir de las paredes del templo», rememoró el padre Zaldumbide.

Desde los 60 el enfrentamiento parecía no tener remedio cuando incluso la propia iglesia tomó un abierto partido contra las autoridades y sacerdotes usaron los púlpitos para arengar contra el gobierno de Fidel Castro.

Cada uno a su tiempo, Ortega y García comprobaron en carne propia algunas rispideces del modelo cubano.

Ortega fue enviado por meses a un campo de trabajo que compartía con desafectos a la revolución en los 60, mientras García vio morir a su padre en prisión a finales de esa década de un ataque al corazón, luego de ser acusado por un accidente ferroviario al parecer poco claro.

Sin embargo, al igual que en el caso de Ortega el incidente no hizo mella en la relación entre el prelado y el Estado.

«Siempre hubo personas fieles que se quedaron a pesar de las grandes dificultades al inicio de la revolución. Uno puede ir caminando, conversando y mirando hacia adelante», dijo García a la AP. «No se puede vivir en el pasado».

Por el contrario en los tiempos en que le tocó negociar espacios para la iglesia en Camagüey, el diálogo se desarrolló con fluidez.

«Juan como cualquier otra persona puede tener una opinión sobre este proceso, la tiene, pero no va a contar en su labor como arzobispo porque él se sabe arzobispo de la iglesia que no está para legitimar procesos sociales», expresó a la AP el diácono Miguel Ángel Ortiz, director de Caritas en Camagüey, quien fue el enlace entre García y las autoridades.

Fuente: Antena305.com

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