PANORAMA POLÍTICO DIVERTIDO

Antonio Moreno Ruiz

Pablo Iglesias Turrión será muchas cosas, pero tonto, lo que se dice tonto, no es. Hizo una primera campaña brillante, acaso adelantándose a Trump en la utilización de los nuevos medios en escena; y puesta en bandeja por los medios de derecha. Con todo, la clase dirigente española, lejos de lo que se piensa, es muy compleja. Por ejemplo: En Perú, no existe una clase política como tal, sino que, en todo caso, es una suerte de clase económica y la política (aliñada con la masonería), viene más o menos dada. En España no es así, y hay una suerte de clase político-económica numerosa y muy bien pertrechada, que se defiende muy bien entre ella misma (algo así como el Real Madrid y el Barcelona en el fútbol); y los casos de personajes como Jesús Gil o Mario Conde vienen por ahí. No porque Gil o Conde fueran santos ni mucho menos, sino porque quisieron meterse en camisa de once varas y no le dieron permiso. Si Gil o Conde no hubieran tenido tentaciones políticas, hubieran pasado bastante más desapercibidos. No obstante, cuando la “élite” española aceptó a Podemos (hasta la Botina se reunió con ellos), era por algo. ¿Qué era “ese algo”? Porque el sistema, por muy corrompido que esté, no da puntadas sin hilo.

¿Quizá fue para “desfondar” cierto “sentimiento rebelde” que Podemos estaba acoplando al alimón del 15M? Puede ser. El problema de Podemos han sido ellos mismos, su ineptitud. Del romanticismo se ha pasado a la realidad, a tener Barcelona hecha un estercolero, con una alcaldesa que dice que el almirante Cervera era un facha… Y Madrid y otras ciudades importantísimas de España, más de lo mismo. Y la paciencia de la gente ya no está para muchos trotes.

Creo que, analizando especialmente la mentalidad de Rajoy, más bien los dejaron crecer hasta que ellos mismos demostraran lo que eran. Y como jugada maquiavélica, casi que les sale bien.

Al final, Pablo Iglesias ha resultado ser muy burgués/mundano. Creyéndose invulnerable, muy pronto ha caído justo en lo contrario de lo que parloteaba, con el chalet de Galapagar como muro de la vergüenza. Y si bien no tonto, quizá “ingenuo”, al pensar que se podía jugar con Venezuela como si fuera una mascota. Pero el ni el G2 ni el Cartel de los Soles olvidan ni perdonan; así que no me extraña que él mismo esté extremando sus precauciones, porque tarde o temprano se le viene una muy gorda encima. Se ha pasado de “Venezuela como ejemplo” a “no podemos hablar de Venezuela cuando estamos tan mal” y a “Venezuela es nefasta”. Pero digo yo, si no podemos hablar de Venezuela ya que estamos tan mal, ¿cómo es que sí podemos acoger a millones de africanos y, sin embargo, callamos que hay 300.000 venezolanos en España a los que no se les concede el status de refugiados? ¿Y al final resulta que se critica a Venezuela y todo? ¿Dónde dije digo, digo Diego? ¿O cómo es la vaina?

Al final se han buscado un doble enemigo: Tanto el régimen bolivariano (que ya los considera traidores) como los millares de exiliados venezolanos que les van a decir a la cara lo que son.

 
Y es que los progres se piensan que la gente es gilipollas (y en especial la gente del mundo rural, a la que como buenos defensores de una ideología burguesa, desprecian). Sin embargo, han conseguido lo que ya pasó en Francia y aquí se pensaba que era impensable: Que gente de izquierda acabe votando opciones llamadas de “extrema derecha”; mientras que ellos nunca se denominan de “extrema izquierda”, por supuesto.

Pablo Iglesias y toda su tropa (incluido Monedero, que anda haciendo viajes al México de AMLO) van a empezar a pelearse más de la cuenta entre ellos, cuando ya las cuotas de poder no sean tan placenteras. Además, empezarán a sacarle trapos sucios de todas partes. Se lo han puesto muy fácil al sistema. Y con su actitud, propician y adelantan un movimiento español de resistencia como probablemente no se vio en dos siglos, con un pueblo castigado y humillado que los ve como antaño vio a los afrancesados.


Cuando Íñigo Errejón o Julio Anguita están diciendo que no hay que insultar a los votantes de Vox, que hay que dejar de llamarlos fascistas… Es que, aparte de hacer autocrítica y análisis político, saben perfectamente que muy mal pinta la cosa para ellos, habida cuenta del fracaso de la “alerta antifascista” de Pablo Iglesias, que no ha conseguido más que reunir a niñatos cuyos callos se deberán a quemar grifa o a jugar al cinco contra uno, pero no a trabajar. Y la verdadera y sufrida clase trabajadora los ve como enemigos. Y no parece muy creíble su “alerta feminista” cuando pactan con partidos que se gastan el dinero de los parados en prostíbulos y cocaína, o cuando en determinadas regiones el paro femenino roza el 50%; o cuando se callan ante las violaciones cometidas por extranjeros. Como dice el proverbio árabe que le gusta al mentado Anguita, “la primera vez que me engañaste fue culpa tuya, pero la segunda ya fue culpa mía.” Y ha habido muchas “segundas veces”.

Podemos no ha sabido aprovechar su oportunidad; mas, porque en verdad, no hay más cera de la que arde. Y probablemente, ha iniciado su descenso cuesta abajo, de culo y sin frenos. Quizá Rajoy era más listillo de lo que parecía. No obstante, su partido tomará un rumbo idéntico, al igual que el PSOE. Y es que en el pecado va la penitencia.

¿Se acaba el régimen del 78 o sólo “evoluciona”? Lo veremos. Pero por de pronto, tendremos un panorama político cuanto menos divertido. Ver las cejas arqueadas de La Sexta y la palidez de las caras de Canal Sur merece la pena.

No obstante, que Dios nos coja confesados.

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