Crucero en el Costa Smeralda por el Mediterráneo

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                Foto: Barcelona, 9 de agosto de 2021, frente a La Sagrada Familia.

París, 28 de agosto de 2021.

Querida Ofelia,

El viaje comenzó en el puerto de Marsella el 8 de agosto y terminó allí mismo el día 22. La ida y vuelta fue en el TGV (sólo tres horas y media) entre las estaciones de ferrocarriles Gare de Lyon de París y Gare Saint Charles de Marsella.

El Costa Smeralda tiene capacidad de 6600 pasajeros y 1682 tripulantes, cuenta con 18 cubiertas, 2612 camarotes; una eslora de 337 metros y 42 de manga. Pero el número de pasajeros era muy inferior a causa de las medidas draconianas aplicadas para evitar la contaminación del Covid.

Toda persona debe hacerse un test de antígenos de manera gratuita en la terminal del puerto antes de embarcar. Tuvimos que esperar 2 horas el resultado en la aduana de Marsella, para tener la autorización de subir a bordo. Nos realizaron otros dos test de antígenos a los 4 y a los 8 días.  

Para poder desembarcar en los puertos de escala es necesario comprar las excursiones de Costa Cruceros. Nadie puede bajar por su cuenta. Es obligatorio llevar contratado un seguro Covid.

Cada día nos tomaban la temperatura al bajar y subir del barco. Teníamos que llevar las mascarillas puestas, salvo en el camarote o cuando comíamos o bebíamos en los restaurantes y bares. Las mesas están bien separadas, así como la distancia de los asientos en el teatro y salas de fiestas.

La higiene y el sistema de ventilación son excelentes.

Nos dieron la mesa 301 del Ristorante Arlecchino, donde tuvimos dos amables maîtres: el colombiano Jaime y la indonesa Elyana Habsah; los eficientes y gentiles camareros: Totok Waster, Anggra (ambos de Indonesia) y el indio Lalish Mon.

Por las noches después de la cena, íbamos a lugares distintos: al Lido Caracalla con el Dj cubano Orlando; al Grand Bar Mastroianni a escuchar al Trío Zefiro y al Duo Atmosphera; al Notte Jazz Club donde cantaban The Swingers; al bar Il Cielo in una Stanza donde Antonino Saccullo interpretaba al piano bellas canciones italianas. También había conciertos y espectáculos en La Spiaggia Beach Club, la Piazza di Spagna, el Teatro San Remo (donde el espectáculo estaba a cargo de los húngaros del Latin Dance Group) y el fabuloso Colosseo.

La primera escala fue en Barcelona. Nuestra guía catalana iba tan rápido, que nos quedamos atrás nueve turistas al entrar a la Plaza de Cataluña, cuando al cambiar la luz del semáforo, ella había cruzado y entre tantas personas no podíamos verla. Por suerte, después de dos horas nos encontramos con otro grupo de Costa y la guía muy cortésmente localizó a la nuestra por el teléfono de su compañía de turismo y al fin vino a buscarnos. Nuestra principal preocupación era que nos habían advertido que si alguien abandonaba el grupo, no podría entrar al barco.

Visitamos la Sagrada Familia, la cual muchos admiran, pero que a mí me parece que iría muy bien en Disneyland; también recorrimos el Barrio Gótico, el Paseo de Gracia, Las Ramblas y subimos al Montjuic, desde donde se puede apreciar una bella vista de la ciudad.

Al amanecer del 10 de agosto llegamos a Palma de Mallorca. Tuvimos una buena guía con la que visitamos la Catedral, el Castillo de Belvedere y la parte más antigua de la ciudad. Mientras el grupo entraba a una tienda, me quedé en la acera de enfrente sentado en un banco; dos tipos se pusieron a ambos lados míos y parece que creyeron que yo no entendía el español, debido que me habían visto hablar con la guía en francés. Escuché cuando uno le decía al otro en español: “entretenlo para yo poder arrancarle el reloj”. Me levanté de un alto y grité: “¡Policía, policía, estos son ladrones!” Inmediatamente ambos salieron huyendo.

Quiero que sepas que a bordo están cerrados: la recepción, la oficina de atención al turista, My Tours; la oficina de venta de cruceros Personal Cruise Consultant, etc. Hay que llamar por teléfono para comunicar con el personal que atiende normalmente a los turistas en esos lugares. Logramos hablar por teléfono con la amabilísima Alba, Personal Cruise Consultant, con la cual compramos nuestro próximo crucero en diciembre. También con el cortés Matteo de My Tours, logramos comprar por teléfono tres excursiones a sendas playas.

El día siguiente fue de navegación entre Palma de Mallorca y Mesina en Sicilia. Disfrutamos de una de las cuatro piscinas. Ocupamos un espacio de dos tumbonas y una mesita entre paredes de persianas con vista al mar.

Estimo que debo darle las gracias a Doña María Dolores Larroda, la International Hostess Spanish, que tan amable fue con nosotros y que siempre estuvo disponible, así como el joven Simone Vani, de My Tours, ambos embajadores del “savoir faire” Costa.

Hubo un acto en el Colosseo donde premiaron a una Sra. que ya ha viajado en 98 cruceros Costa y ahora en el Costa Smeralda se quedaría por un mes.

Durante el viaje nos hicieron dos veces fotos regalo del capitán y también nos regalaron; 2 botellas de champagne, una botella de vino blanco, otra de vino rosado, dos grandes bolsas de playa y 300 euros en cupones de 75 para gastar a bordo.

El 12 de agosto desembarcamos en Messina y fuimos a visitar el bellísimo Santuario de la Virgen Negra y el muy interesante Sitio arqueológico. Allí vi como impidieron entrar a varias personas por no tener el pasaporte sanitario italiano.

Fuimos en autocar desde el Puerto de Civitavecchia hasta La Ciudad Eterna.

Paramos en una estación de servicios en la carretera. Mi esposa tropezó, se cayó y se hirió la rodilla izquierda. La guía quería llamar una ambulancia. Como no lo aceptamos, tuvimos que rellenar y firmar un formulario donde aseguramos que nos habíamos negado a obtener atención médica. La guía nos explicó que era debido a que los turistas estadounidenses al regresar a los EE.UU. suelen acusar a la compañía y pedir indemnizaciones. Me convertí en “enfermero” limpiando la herida superficial dos veces al día, desinfestándola y poniendo una gran curita.

Lo de Roma fue un verdadero Maratón, caminamos siete kilómetros y medio por el centro de la ciudad: Piazza San Pietro, Piazza Navona, Il Panteon, Piazza di Spagna, Trinità dei Monti, Piazza del Popolo, Fontana di Trevi, etc.

Almorzamos correctamente en el Ristorante Grill & Wine de la Via in Arcione. Escuché a una turista francesa reclamar muy alterada, porque le habían cobrado 15 euros por una ensalada. Vino el que era aparentemente el dueño y le devolvió cinco euros.

Deseo destacar que por su profesionalismo y amabilidad, contribuyeron a que nuestras vacaciones de dos semanas fueran excelentes: Fanny y Anne-Laure Guénix, responsables de los turistas franco parlantes.

Desde Savona fuimos a recorrer dos bellísimos pueblos medievales de Liguria: Finalborgo y Noli. Toda la cota era de playas. Cuanto nos hubiera gustado poder ver a nuestro amigo Italo, que vive allí cerca. Pero nadie podía separarse del grupo, por tal motivo no le llamé por teléfono para avisarle de nuestra presencia.

Regresamos a Marsella, recorrimos el antiguo barrio de “La Panier” y el Viejo Puerto, así como dos pequeñas fábricas de jabones y chocolate. Como conocemos muy bien esa ciudad, penamos que fue una excursión con muy poco interés. Mi esposa se detuvo en un bar para comprar una botella de agua-estábamos a +40°c con un sol que rajaba las piedras. La guía se puso muy mal y le habló duramente, amenazándola con que iba a informar al barco que había abandonado al grupo.

Creo que Costa debe controlar la calidad de las guías de las distintas excursiones, pues esta de Marsella del 15 de agosto, la 03GZ, fue una señora desagradable.

Por la mañana nos habían hecho de nuevo los tests del Covid y nos habían cambiado las tarjetas de crédito del barco, pues comenzábamos la segunda parte de nuestro viaje.

Al día siguiente, desde Barcelona fuimos al bello y elegante Beach Club Tropical Barcelona en donde pasamos un magnífico día soleado.

El martes 17 de agoto lo pasamos en la Playa de Palmanova, en la Isla de Mallorca. A todo lo largo de la playa solo hay hoteles e inmuebles de apartamentos. La guía catalana me dijo “en mi cama tengo a un cubano”. Me habló de lo guapo que era, ella lo conoció en Cuba cuando vivía en Alamar y lo trajo a vivir con ella a España.

En las dos tumbonas que estaban delante de las nuestras, una pareja de italianos de unos 35 años, pasaron toda la mañana hablando por sendos teléfonos, mientras la niña de unos 5 años rogaba inútilmente para que la llevaran a bañarse. Los padres no le hacían caso, hasta que decidieron irse.

Esa noche en el Ristorante Arlecchino apareció una familia napolitana de ocho personas, que situaron en una mesa cerca de la nuestra. No hablaban, sino que gritaban. Me hizo recordar el Restaurante La Habana Vieja de Miami. Fui a hablar con el maître y le dije que era imposible cenar con ese escándalo permanente. Él me dijo que los iba a cambiar con el pretexto de darles una mesa mejor situada con vitas al mar. Y así fue. Pero no sé cómo se enteró el más viejo del grupo que al día siguiente al para frente a nuestra mesa grito: “molestamos a estos señores… ¡Me cago en sus muertos!” Tanto los camareros como nosotros nos quedamos muy impresionados. Nosotros no contestamos ni una palabra, lo ignoramos totalmente.

Al llegar a Sicilia de nuevo fuimos a la bella playa frente a Taormina “Los Jardines Naxos”, donde se aprovecha cada centímetro cuadrado de la arena. De nuestra sombrilla y tumbonas, estábamos en la fila 25 a partir del agua del mar, rodeados por italianos que no paraban de hablar por los teléfonos celulares.

Una muchacha se tomaba selfies con un celular enganchado a una varilla. Creo que es una forma de egocentrismo y de vanidad contemporánea. Será porque estoy viejo, pero no me gusta llevar gafas de sol por la noche o cuando el cielo está nublado, tampoco llevar pantalones vaqueros ripiados; hacerme tatuajes o selfies, ni pelarme al rape o con un moñito como los samurais, etc. Creo que me quedé en el siglo XX.

Al regresar al puerto de Messina, un policía subió al autocar y nos preguntó si alguien nos había amenazado.

Esa noche disfrutamos en el Teatro Colosseo de un recital de Patrizio Nicoloso.

Los dos días siguientes nos quedamos a bordo, disfrutando de las piscinas y de los espectáculos.

Desembarcamos el 15 de agosto en Marsella. Un elegante taxi Mercedes Benz negro nos llevó hasta la Gare Saint Charles, acompañados por una empleada del Costa Smeralda. Tres horas y media después estábamos en París.

Nuestras más sinceras gracias a la Srta. Clédia Amelin de Costa France por habernos organizado este bello crucero, el 24 que hacemos con esa compañía que aunque pertenece ahora a una empresa estadounidense, ha sabido conservar el bello e inconfundible estilo italiano.

Puedes ver todas las fotos del viaje en mi perfil de Facebook: Félix José Hernández Paris.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz, deseándote que Dios te proteja del Covid y de la maldad de los hombres,

Félix José Hernández.

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