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Con las cosas del comer no se juega

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Quizá lo grave no sea que el anciano comandante Guillermo García, guajiro socarrón, se haya puesto a delirar con jutías, avestruces, cocodrilos y vacas estabuladas con destete precoz. De momento, las iguanas parecen a salvo de la ofensiva revolucionaria.

Sino que la televisión pagada por el Buró Político del PCC, y en un programa diseñado para vender la ¿obra? del tardocastrismo, se de pábulo a ensoñaciones alimentarias en medio de la enésima crisis alimentaria que sufren los cubanos empobrecidos por la sexagenaria dictadura.

¿Qué necesidad hay de gastar electricidad en un programa absurdo lleno de mentiras de principio a fin; halándole la leva a uno de los llamados históricos de la revolución?

La protección de la fauna y la flora en Cuba no se inició en la Sierra Maestra, como afirmó García Frías, sin que Randy Alonso tuviera la gallardía, de citar a Humboldt o Roig.

Al contrario, una de las primeras decisiones del Ejercito Rebelde recién llegado al poder fue arrasar millones de hectáreas de bosques para sembrar caña de azúcar, con la tristemente célebre Brigada Desbrozadora, cuyos destrozos fueron ampliamente filmados por el Noticiero ICAIC Latinoamericano.

La destrucción de aquellos bosques mató a miles de aves, majases, jutías y demás animales; además de cambiar el régimen de lluvias en Cuba.

Posteriormente, toda la importación de tecnología Made in URSS contaminó la isla de punta a cabo; solo hay que revisar la hemeroteca, para ver aquel discurso de Fidel Castro, actuando cual amante despechado, calculando la cantidad de asmáticos y muertos que habrían provocado las guaguas Ikarus.

El castrismo ha sido un cáncer medioambiental para Cuba, destruyendo su hábitat, que se ha empobrecido en paralelo con los cubanos; aunque la propaganda oficial cacaree que todo es culpa del cambio climático provocado por el capitalismo; letanía de la izquierda desde la caída del Muro de Berlín.

Muchos cubanos carecen de agua potable, en barrios de La Habana y del resto de la isla, el dengue y otras dolencias se han hecho endémicos por la saturación de las fosas sépticas y la contaminación de acuíferos.

Moa ha sido incapaz de separar el cobalto del zinc en sus producciones de niquel, pero ha generado una contaminación de nube roja que afecta seriamente la salud de sus pobladores y circundantes.

Las bahías de La Habana y Nuevitas son de las más contaminadas del mundo; ¿alguien recuerda qué pasó con los cangilones del Río Máximo, la presa de Paso Seco, las playas de Guanabo y del Chivo y porqué Guantánamo se desertiza por la salinización de sus suelos?

El Cordón de La Habana, la pretensión de desecar la ciénaga de Zapata y el uso de combustibles como la luz brillante (keroseno) y carbón en muchos hogares empobrecidos también contribuye a la contaminación urbana y rural.

Normalmente, los países que emprenden su desarrollo económico, como ocurre ahora en China e India, los reales boicoteadores de las cumbres climáticas porque defienden su derecho a vivir su propio siglo XIX, se nota una mejoría notable de los niveles de vida de la población.

En Cuba hay pobreza humana y pobreza ambiental; como para que aparezca ahora García Frías a reírse en la pantalla de los cubanos que se tragaron sus indecencias, jaleadas por un complaciente periodista, cómplice de tamañas indecencias.

Una cosa son los negocios de caballos y gallos finos (de pelea) con los que el comandante Guillermo García ha hecho negocios y otra cosa es la necesidad imperiosa que tiene Cuba de corregir su desastre ecológico.

(Sería oportuno que los organizadores de la inteligente marcha en defensa de los animales, celebrada recientemente en La Habana, incluyan a los gallos de lidia en su catálogo a proteger)

Pero si nada de esto fuera suficiente para calibrar el fraude medioambiental que vive Cuba, uno más, no se trata de una mentira aislada, basta pedir los datos de tierras cultivables invadidas por el Marabú, en un país que gasta millones de dólares anuales en importar alimentos.

Y el futuro no parece ir por mejores derroteros ambientales, pues GAESA aún no ha explicado cómo van a regar los mastodónticos campos de Golf que planea construir en los próximos 25 años.

Mientras tanto, siempre nos quedará el Zunzún, pájaro lindo de la madrugá, las brigadas maoístas de respuesta rápida de la UCI y adyacentes y los abundantes exégetas del tardocastrismo empeñados en que asumamos como normalidad la anormalidad que es Cuba desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí.

Allá ellos que son blancos…

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