Inicio Españoles de Cuba 10 de diciembre de 1898

10 de diciembre de 1898

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Las altas reivindicaciones en nombre de los pueblos “oprimidos” siempre terminan sirviendo de excusa para envilecerlos

No se afianzó la democracia en Cuba por la comodidad del auxilio norteamericano

Las altas reivindicaciones en nombre de los pueblos “oprimidos” siempre terminan sirviendo de excusa para envilecerlos. El caso de Cuba no es una excepción, los españoles de Cuba comenzaron el camino de la independencia solicitando no ya la Libertad, sino la anexión a los Estados Unidos. Un pecado inconfesable que cuidan muy bien de aventar los ideólogos (los de antes y los de ahora) del nacionalismo cubano. Agudos observadores de la realidad nacional como el padre Varela, escribieron ya en siglo XIX que en Cuba no existían más que intereses comerciales, por eso, desencantado, se retiró de la vida política.
No anduvieron mucho más inspirados los organizadores de la guerra del 95, que con Martí a la cabeza, sólo tenían el objetivo de sacar a los peninsulares del poder, pero sin tener previsto un claro programa político posterior, ni nada que se pareciese a una Constitución decente con la que garantizar la construcción de una Nación viable.
Con la muerte de Martí se desplazaron los influyentes y modestos tabacaleros de Tampa que la animaban, quedando el Partido Revolucionario Cubano entre las manos de las mismas fuerzas e intereses económicos pro norteamericanos que venían manifestándose desde mediados del siglo XIX.

Aquellos hombres sin proyecto trascendente, obraron pues de manera muy activa para acercar de manera permanente Cuba a América (una nación que había mostrado su interés por apoderarse de la isla varias veces durante el siglo, incluyendo numerosos intentos de compra, el último de los cuales tuvo lugar en 1898 antes de declarar la guerra), sin pensar un solo segundo en la construcción de una Nación soberana.

Prueba de ello es que entregaron las riendas del Ejército Libertador a un extranjero que, con la Muerte de Maceo se convirtió en un actor político de primer orden, sin contrapeso posible. Un señor destituído por la Asamblea Constituyente, que terminó negociando directamente con los Estados Unidos (¿con qué mandato?) la desmovilización del Ejército Libertador, contribuyó muchísimo a la aprobación de la Enmienda Platt, que sancionaría de manera oficial el protectorado Norteamericano sobre Cuba hasta 1934 y oficiosamente hasta 1959.
La República Mambisa como la llama C.A. Montaner, siguió sin proyecto nacional y como ya se vio durante todo el siglo XIX en el resto de América, repartió prebendas y riquezas a aquellos que ayudaron a fundarla.
No se afianzó la democracia en Cuba por la comodidad del auxilio nortemaricano y porque aquellos que tuvieron la responsabilidad de crear una patria soñada, españoles al fin y al cabo, animaron el caudillismo y apelaron a la violencia política durante la primera mitad del siglo.
Así pues, bailando entre millones unas veces y dando porra en tiempo de las vacas flacas, se destruyó la confianza en las instituciones republicanas. De ese modo se preparó la llegada del hombre providencial que, sin escándalo ni verdadera oposición, consiguió derrumbarlas en una brevedad alucinante aplaudido por el mundo entero, incluyendo a la propia prensa norteamericana.
El amor desmedido a los sacos de azúcar y la ausencia total del respeto al interés general moldearon al cubano de los siglos 19 y 20, las actual transición formará al cubano del siglo XXI. Un Ser que seguirá cometiendo los mismos errores porque ignora quién es y por dónde es que le han llovido tantos males, .

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