Uno de los capítulos que han contribuido al divorcio entre españoles de Cuba y la Península ha sido sin lugar dudas la llamada reconcentración de Weyler. Todavía hoy, para descalificar  a los “españoles” el régimen de La Habana apela a una archiconocida enumeración de degradantes adjetivos que incluyen desde hace poco más de un siglo el de genocidas.

Como es de sobra conocido, la tradición se remonta a los tiempos de la conquista, cuando la Leyenda Negra atribuyó a los conquistadores españoles la muerte de millones de indígenas. Este pretendido holocausto que vuelve imposible cualquier diálogo sereno entre españoles de ambos hemisferios, ha sido desmontado desde hace muchísimo tiempo por investigadores como el profesor Eduardo Victoria. Victoria ha calculado que para conseguir exterminar a tanta gente habría sido necesario matar  1.095 personas por día durante 50 años. Lo cual es a todas luces imposible.

A pesar de que no existe ningún documento que pruebe la voluntad de exterminación que se le atribuye al gobierno español, y que sobran las ordenanzas que prueban que el Capitán General sí que se preocupó por la suerte de los refugiados en las ciudades habilitadas para recibirlos, los historiadores cubanos, y el pueblo llano, siguen creyendo las fabulosas cifras del “exterminio”, y no dudan en equiparar a la exterminadora España con la Alemania durante la II Guerra mundial sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Las mentiras mientras más gruesas, mejor. Con el número de fallecidos durante la guerra de Cuba ocurre lo mismo. Algunos hacen llegar el número de fallecidos al medio millón. La cifra resulta creíble cuando se acompaña de manipuladas fotografías donde se empilan osamentas humanas y niños cadavéricos.

Pocos autores españoles se han atrevido a estudiar el tema. Uno de los pocos que osaron tal empresa en el siglo pasado fue Tiburcio Pérez Castañeda quien demostró en 1925 que en Cuba habían perecido, cuando mucho, 90 mil almas. Pero por supuesto, nadie le hizo el menor de los casos. Ha tenido que ser un norteamericano quien saque la cara por España en 2006. Se trata de John L. Tone que en su libro poco conocido Guerra y Genocidio en Cuba, citando a sus colegas Millis y Williamson baja de un sopetón la cifra de fallecidos a 100 mil. No son los únicos. Otros autores también citados por Tone, como David Trask y Joseph Smith, consideran exagerado ir más allá de los 100 mil muertos.

La verdad es que calcular el número de interfectos es una tarea harto difícil, sobre todo cuando no se trata de buscar la verdad histórica, sino de justificar una tesis política con objetivos definidos. En este caso, el atraso y la de la brutalidad españolas, harto “demostrados” en el pasado por el exterminio de los indios y las cacerías de brujas desatadas por la inquisición. Los ideólogos del “genocidio cubano” esperaban con esta treta crear pueblos diferentes donde hasta 1898 sólo existía una sola entidad política: la nación española.

Otro de los autores que han avanzado cifras partiendo de sabichosos cálculos, ha sido el catalán Jordi Maluquer. A pesar del tufillo nacionalista que se desprende de casi todos sus trabajos, el historiador no se atreve a subir el número de víctimas a más de 155 mil. Recientemente Ivan Musicant, redujo aún más la cifra ajustándola a 95 mil. Pero ha sido precisamente un cubano, el profesor Carmelo Mesa Lago quien valientemente ha estimado el número de muertos a 60 mil. El más bajo que se conoce de todos esos estudios. El último de ellos, serio y documentado se debe a otro autor no hispánico, Andreas Stucki, las Guerras de Cuba, publicado el año pasado. Aunque su objetivo no es el de calcular el número de víctimas mortales, sino el de encontrar las razones de aquel desastre, y de depurar las responsabilidades de unos y otros, Stucki también da por buena la investigación de Tone.

Las razones de estas estimaciones poco serias son variadas. La primera es la falta de censos poblacionales creíbles. Los cálculos se basan principalmente en extrapolaciones de 3 de ellos, dos hechos por España en 1877 y en 1887, y el otro fabricado al final de la Guerra Civil por el gobernador norteamericano de la isla en 1899. El censo español arrojó un total de 1.631.687 personas viviendo en el archipiélago, mientras que el segundo, contó una población algo disminuida en 1.572.798 personas. O sea, estamos hablando de solo 58 889 personas menos.

¿Entonces de dónde sale el medio millón de muertos? De ninguna parte. Se trata de pura propaganda norteamericana, secundada por los historiadores cubanos, aliados al interventor para crear una nueva nación allí donde sólo existían españoles.

El primer mentiroso, el mentiroso mayor por decirlo de alguna manera, es el “demógrafo” Juan Pérez de la Riva Pons, este individuo elevó el número de fallecidos a 400 mil ¿Cómo lo consiguió? Sencillo: manipulando las estadísticas. De la Riva consideró porque le dio la gana, que si no hubiera habido guerra la población de la isla tendría que haberse elevado a 1.900.000 personas. Así es que para llegar al medio millón de víctimas, tras afirmar lo anterior, sólo restó su hipotética cifra a la del censo norteamericano. El resto de los estudiosos que le siguieron repitió el mismo cuento a sabiendas sin el menor de los escrúpulos.

Los problemas metodológicos de estos aventureros de la demografía y de la historia ya fueron señalados en su momento. Así pues, Luis Navarro García se atrevió a quejarse a finales del siglo pasado, afirmando que este tipo de extrapolaciones “convertía en víctimas a personas que jamás existieron”, pero su argumento, al igual que el de su colega Pérez Castañeda no fue considerado.

Otros de los asuntos que han sido ignorados durante todos estos años es el de la cantidad de personas que se dan por muertas pero que en realidad emigraron, unos a España al final de la Guerra y otros a los Estados Unidos, como ya ocurrió durante la primera guerra civil, cuando en enero de 1869 se calculó que en apenas 2 meses y en barcos de vela se mudaron a Norteamérica más de 100 mil cubanos.

Pero lo que nunca admitirán en Cuba los historiadores nacionalistas es que la política de la Tea incendiaria, llevada a cabo por los rebeldes fue la primera causa de muerte entre la población civil, y el desencadenante inicial de las hambrunas que tanto dolor causaron entre la gente. Como lo prueba Andreas Stucki en su libro Las Guerras de Cuba. Un extraordinario trabajo que como era de esperar, no sólo ha sido ignorado por los historiadores de la isla, sino que tampoco ha sido destacado como se merece por la prensa peninsular manejada por los enemigos de España, empeñados desde hace siglos en la destrucción de la Nación y que ya están a punto de conseguirlo.

2 COMENTARIOS

  1. Magnífico artículo. Perfectamente enfocado y mejor documentado, como corresponde a un análisis o comentario de Historia. Aportando objetividad. Por fin se va haciendo la luz para España en la última Guerra de Cuba. Efectivamente, nunca España, ni su Ejército, ni el General Weyler, pretendieron realizar exterminio alguno. Todo fue consecuencia de la forma de actuar de los mambises, rebeldes secesionistas. Es cierto que la “Tea Incendiaria” provocó hambruna, destrucción y hambre para todos en Cuba. En lo tocante a las estadísticas, más claro es imposible decirlo: No hay un solo dato serio que avale los “cientos de miles” de víctimas que se han venido copiando de unos a otros durante más de cien años, de forma interesada la mayoría de las veces. El “genocidio” no existió, sin duda alguna. Y sea cual sea el número de bajas, ciertamente indeseables para España, no olvidar su causa raíz: la Tea Incendiaria. No pasemos por alto tampoco que las miserias, las sufrieron todos en aquella guerra. Un paso más, en efecto, para que el pueblo llano de Cuba conozca las mentiras que le han venido contando, por un motivo u otro, durante ya muchos, demasiados, años.

  2. El artículo es interesante pero penoso, en una palabra. Mal documentado, por lo que difiero totalmente del otro sr que comenta, y por demás totalmente parcial. Hace ver la verdad histórica como la demostración de una ideología política que no comparte (yo tampoco) y le resta veracidad aparte de estar muy mal escrito. Hay palabras que no deben usarse y “mentiroso” es una opinión muy personal para alguien que estoy seguro no ha leído a Pérez de la Riva para usarlo en su contra.

    El tema de las cifras y números es largo y tendido, todos ofrecen una y se discute la cuantía sin darse cuenta que una vida, una sola vida arrebatada innecesariamente es un crimen. Aún se discute si murieron tantos millones del judios en el Holocausto sin dejar de darse cuenta que el hecho es si es la matanza no los números. Usted cae en el mismo error. Cuando dice que en 1869 abandonaron 100.000 cubanos la isla no tiene ni idea del tráfico mercantil y la capacidad necesaria para transportar esa cantidad de personas en esa época.

    Existen, por lo que le pido que se documente, las ordenanzas de la reconcentración y los parámetros que se usaron para hacerla. También se conservan testimonios de reconcentrados y multitud de documentación al respecto. El objetivo fue planteado al Capitán General anterior que decidió no manchar su honor militar masacrando a la población civil en campos de concentración sin las mínimas condiciones de salubridad y de alimentación. Tuvieron que llamar a un carnicero como Weyler para que se se “limpiara” de la pésima actuación en la primera guerra de independencia. Si el autor intenta discutir la cifras, da igual, murió población civil reconcentrada para evitar que ayudara a los mambises en su guerra de liberación. Ese fue el objetivo y no lo lograron finalmente. Vea las fotos en los fondos del Archivo Nacional de Cuba a ver si no se le revuelven las tripas de ver tanta miseria y muerte. Eso no tiene nada que ver con las interpretaciones de la historia por una parte y por otra, es la verdad desnuda.

    Difiero también cuando se refiere a que solo existía una nacionalidad, la española. Eso demuestra una total ignorancia de las raíces de la nacionalidad cubana que se forjaron incluso antes del estallido de la Guerra de los 10 años pues esta solo vino a consolidar y polarizar la sociedad colonial.

    La política de la “Tea Incendiaria” no se aplico nunca sobre los “pacificos” y la población civil, solo se aplicó en algunas regiones de Oriente para evitar la zafra azucarera que con sus impuestos sostenía la decadente sociedad española. Ese argumento peregrino es totalmente injustificado para el decrecimiento demográfico. Los civiles que estaban en territorio mambí eran obligados (aunque no lo reconozca la historiografía oficial) a trabajar en las Prefecturas Mambisas y los que se mantuvieron neutrales fueron los que enviaron a los campos de concentración, los primeros del mundo.

    • la tea incendiaria se aplicó a todo el mundo. eso fue motivo de desavenencias entre máximo gómez y bartolomé masó. quisiera saber qué otra nacionalidad además de la española existía antes de la guerra. su tratamiento de los civiles por los mambises es muy ingenua.

  3. independientemente de los números, si asesinas a 100mil ó 500mil no te hace menos asesino, y estoy muy convencido que los aborígenes cubanos les estan muy agracedicos a los españoles por colonizarlos y esclavizarlos, sin contar que media América fue colonia española y yo no escucho a nadie decir: “que con España estarían mejor”.

  4. Lo que no se dice por parte de los cubanos, de los incendios de cosechas,de ingenios azucareros,y el arrebato de comida por los mambises al pueblo es mas facil achacar y despotricar a una nacion que dio a sus hijos a esa la isla de Horroroso Colorido por y para los españoles. lo que dice este Esteban ” Que con Castro se vive mejor”

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